Lista de Poemas
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Sócrates
Sólo sé que no sé
Sólo sé que no sé nada; y esto cabalmente me distingue de los demás filósofos, que creen saberlo todo.
246
Ayn Rand
¡Dios salve al capitalismo de
¡Dios salve al capitalismo de los defensores del capitalismo!
74
Johann Wolfgang von Goethe
Puedo prometer ser sincero, pero
Puedo prometer ser sincero, pero no imparcial.
83
Gabriel García Márquez
Había tenido que promover 32
Había tenido que promover 32 guerras, y violar todos sus pactos con la muerte y revolcarse como un cerdo en el muladar de la gloria, para descubrir con casi cuarenta años de retraso los privilegios de la simplicidad.
201
Woody Allen
Los mosquitos mueren entre aplausos.
Los mosquitos mueren entre aplausos.
44
Eleanor Roosevelt
Lo más importante en cualquier
Lo más importante en cualquier relación no es lo que obtienes, sino lo que das.
91
Henry Fielding
La felicidad doméstica es el
La felicidad doméstica es el fin de todos nuestros anhelos, y la recompensa general de todos nuestros trabajos.
71
Paulo Coelho
Las cosas hechas de pura
Las cosas hechas de pura vida difícilmente consiguen ser captadas en pinturas o palabras. Porque las personas se fascinan con pinturas y las palabras terminan olvidando el lenguje del mundo.
79
Claude Debussy
Recoge impresiones. No tengas prisa
Recoge impresiones. No tengas prisa por escribir. Porque eso es algo que la música puede puede hacer mejor que la pintura: puede centralizar las variaciones de luz y color con una sola imagen - una verdad generalmente ignorada, como es obvio.
90
Sócrates
Sólo hay un bien: el
Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia.
256
Johann Wolfgang von Goethe
Preciso es que el placer
Preciso es que el placer tenga sus penas, y el dolor sus placeres.
114
Gabriel García Márquez
¡Los amigos son unos hijos
¡Los amigos son unos hijos de puta!
204
Woody Allen
Los intelectuales son como la
Los intelectuales son como la Mafia. Sólo se matan entre ellos.
74
Pablo Neruda
Tango Del Viudo
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia,
y habrás insultado el recuerdo de mi madre
llamándola perra podrida y madre de perros,
ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer
mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre,
y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños
nocturnos, mis comidas
sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún,
quejándome del trópico, de los coolies coringhis,
de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño
y de los espantosos ingleses que odio todavía.
Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan
sola!
He llegado otra vez a los dormitorios solitarios,
a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez
tiro al suelo los pantalones y las camisas,
no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las
paredes.
Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por
recobrarte,
y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.
Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde
el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras,
y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina
acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie:
bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces,
de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre,
y la espesa tierra no comprende tu nombre
hecho de impenetrables substancias divinas.
Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas
recostadas como detenidas y duras aguas solares,
y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,
y el perro de furia que asilas en el corazón,
así también veo las muertes que están entre
nosotros desde ahora,
y respiro en el aire la ceniza y lo destruido,
el largo, solitario espacio que me rodea para siempre.
Daría este viento del mar gigante por tu brusca
respiración
oída en largas noches sin mezcla de olvido,
uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel
del caballo.
Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada,
cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo,
y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,
substancias extrañamente inseparables y perdidas.
y habrás insultado el recuerdo de mi madre
llamándola perra podrida y madre de perros,
ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer
mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre,
y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños
nocturnos, mis comidas
sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún,
quejándome del trópico, de los coolies coringhis,
de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño
y de los espantosos ingleses que odio todavía.
Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan
sola!
He llegado otra vez a los dormitorios solitarios,
a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez
tiro al suelo los pantalones y las camisas,
no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las
paredes.
Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por
recobrarte,
y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.
Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde
el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras,
y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina
acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie:
bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces,
de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre,
y la espesa tierra no comprende tu nombre
hecho de impenetrables substancias divinas.
Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas
recostadas como detenidas y duras aguas solares,
y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,
y el perro de furia que asilas en el corazón,
así también veo las muertes que están entre
nosotros desde ahora,
y respiro en el aire la ceniza y lo destruido,
el largo, solitario espacio que me rodea para siempre.
Daría este viento del mar gigante por tu brusca
respiración
oída en largas noches sin mezcla de olvido,
uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel
del caballo.
Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada,
cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo,
y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,
substancias extrañamente inseparables y perdidas.
700
Henry Fielding
La excelencia del alimento mental
La excelencia del alimento mental reside menos en el tema que en la habilidad del autor para bien aderezarlo.
49
Paulo Coelho
Una búsqueda comienza siempre con
Una búsqueda comienza siempre con la suerte del principiante y termina siempre con la prueba del conquistador.
61
Ayn Rand
El poder económico se ejerce
El poder económico se ejerce a través de lo positivo, ofreciendo a los hombres una recompensa, un incentivo, un pago, un valor. El poder político se ejerce a través de lo negativo, por la amenaza de castigo, daño, encarcelamiento y destrucción. Las herramientas del hombre de negocios son los valores, la herramienta del burócrata es el miedo.
118
Sócrates
Solo es útil el conocimiento
Solo es útil el conocimiento que nos hace mejores.
236
Johann Wolfgang von Goethe
Por el poder de la
Por el poder de la verdad mientras viva habré conquistado el universo
218
Gabriel García Márquez
El mundo habrá acabado de
El mundo habrá acabado de joderse el día en que los hombres viajen en primera clase y la literatura en el vagón de carga.
217
Eleanor Roosevelt
La comprensión es una calle
La comprensión es una calle de doble sentido.
115
Woody Allen
Lo que más odio es
Lo que más odio es que me pidan perdón antes de pisarme.
45
Henry Fielding
La escuela es la cuna
La escuela es la cuna de todos los vicios e inmoralidades.
96
Paulo Coelho
Todo está grabado en el
Todo está grabado en el Alma del Mundo y allí permanecerá por siempre.
99
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