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Sócrates

Sócrates

Yo no, pero la ciudad

Yo no, pero la ciudad enseña.
228
Ayn Rand

Ayn Rand

Me pregunta usted:

Me pregunta usted:
75
Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez

El primero de la estirpe

El primero de la estirpe está amarrado en un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas.
314
Johann Wolfgang von Goethe

Johann Wolfgang von Goethe

¡Quién sabe dónde vamos, si

¡Quién sabe dónde vamos, si casi no nos acordamos de dónde venimos!
84
Woody Allen

Woody Allen

No aspiro a alcanzar la

No aspiro a alcanzar la inmortalidad a través de mi obra, sino simplemente no muriendo.
51
Eleanor Roosevelt

Eleanor Roosevelt

Si alguien te traiciona una

Si alguien te traiciona una vez, es culpa suya. Si te traiciona dos veces, entonces la culpa será tuya.
113
Paulo Coelho

Paulo Coelho

Loco es quien vive en

Loco es quien vive en un mundo propio
88
Henry Miller

Henry Miller

Detrás de la palabra está

Detrás de la palabra está el caos. Cada palabra es una valla, una barra, pero no hay ni habrá jamás suficientes barras para formar la reja.
129
Sócrates

Sócrates

Solo sé que no sé

Solo sé que no sé nada y esa nada ni siquiera sé que no la sé.
267
Clint Eastwood

Clint Eastwood

No creo en el pesimismo.

No creo en el pesimismo. Si las cosas no salieron como lo esperabas, sigue adelante. Si crees que va a llover, lloverá
123
Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez

... escarbó tan profundamente en

... escarbó tan profundamente en los sentimientos de ella, que buscando el interés encontró el amor, porque tratando de que ella lo quisiera terminó por quererla.
227
Johann Wolfgang von Goethe

Johann Wolfgang von Goethe

Quien quiere el bien que

Quien quiere el bien que lo practique.
123
Woody Allen

Woody Allen

Nietzsche dice que nosotros viviremos

Nietzsche dice que nosotros viviremos la misma vida nuevamente, ¡dios!, entonces yo tendré que ver de nuevo a mi agente de seguros.
76
Pablo Neruda

Pablo Neruda

Oda A Federico García Lorca

Si pudiera llorar de miedo en una casa sola,
si pudiera sacarme los ojos y comérmelos,
lo haría por tu voz de naranjo enlutado
y por tu poesía que sale dando gritos.

Porque por ti pintan de azul los hospitales
y crecen las escuelas y los barrios marítimos,
y se pueblan de plumas los ángeles heridos,
y se cubren de escamas los pescados nupciales,
y van volando al cielo los erizos:
por ti las sastrerías con sus negras membranas
se llenan de cucharas y de sangre,
y tragan cintas rotas, y se matan a besos,
y se visten de blanco.

Cuando vuelas vestido de durazno,
cuando ríes con risa de arroz huracanado,
cuando para cantar sacudes las arterias y los dientes,
la garganta y los dedos,
me moriría por lo dulce que eres,
me moriría por los lagos rojos
en donde en medio del otoño vives
con un corcel caído y un dios ensangrentado,
me moriría por los cementerios
que como cenicientos ríos pasan
con agua y tumbas,
de noche, entre campanas ahogadas:
ríos espesos como dormitorios
de soldados enfermos, que de súbito crecen
hacia la muerte en ríos con números de mármol
y coronas podridas, y aceites funerales:
me moriría por verte de noche
mirar pasar las cruces anegadas,
de pie y llorando,
porque ante el río de la muerte lloras
abandonadamente, heridamente,
lloras llorando, con los ojos llenos
de lágrimas, de lágrimas, de lágrimas.

Si pudiera de noche, perdidamente solo,
acumular olvido y sombra y humo
sobre ferrocarriles y vapores,
con un embudo negro,
mordiendo las cenizas,
lo haría por el árbol en que creces,
por los nidos de aguas doradas que reúnes,
y por la enredadera que te cubre los huesos
comunicándote el secreto de la noche.

Ciudades con olor a cebolla mojada
esperan que tú pases cantando roncamente,
y silenciosos barcos de esperma te persiguen,
y golondrinas verdes hacen nido en tu pelo,
y además caracoles y semanas,
mástiles enrollados y cerezas
definitivamente circulan cuando asoman
tu pálida cabeza de quince ojos
y tu boca de sangre sumergida.

Si pudiera llenar de hollín las alcaldías
y, sollozando, derribar relojes,
sería para ver cuándo a tu casa
llega el verano con los labios rotos,
llegan muchas personas de traje agonizante,
llegan regiones de triste esplendor,
llegan arados muertos y amapolas,
llegan enterradores y jinetes,
llegan planetas y mapas con sangre,
llegan buzos cubiertos de ceniza,
llegan enmascarados arrastrando doncellas
atravesadas por grandes cuchillos,
llegan raíces, venas, hospitales,
manantiales, hormigas,
llega la noche con la cama en donde
muere entre las arañas un húsar solitario,
llega una rosa de odio y alfileres,
llega una embarcación amarillenta,
llega un día de viento con un niño,
llego yo con Oliverio, Norah,
Vicente Aleixandre, Delia,
Maruca, Malva Marina, María Luisa y Larco,
la Rubia, Rafael, Ugarte,
Cotapos, Rafael Alberti,
Carlos, Bebé, Manolo Altolaguirre,
Molinari,
Rosales, Concha Méndez,
y otros que se me olvidan,

Ven a que te corone, joven de la salud
y de la mariposa, joven puro
como un negro relámpago perpetuamente libre,
y conversando entre nosotros,
ahora, cuando no queda nadie entre las rocas,
hablemos sencillamente como eres tú y soy yo:
para qué sirven los versos si no es para el rocío?

Para qué sirven los versos si no es para esa noche
en que un puñal amargo nos averigua, para ese día,
para ese crepúsculo, para ese rincón roto
donde el golpeado corazón del hombre se dispone a morir?

Sobre todo de noche,
de noche hay muchas estrellas,
todas dentro de un río,
como una cinta junto a las ventanas
de las casas llenas de pobres gentes.

Alguien se les ha muerto, tal vez
han perdido sus colocaciones en las oficinas,
en los hospitales, en los ascensores,
en las minas,
sufren los seres tercamente heridos
y hay propósito y llanto en todas partes:
mientras las estrellas corren dentro de un río interminable
hay mucho llanto en las ventanas,
los umbrales están gastados por el llanto,
las alcobas están mojadas por el llanto
que llega en forma de ola a morder las alfombras.

Federico,
tú ves el mundo, las calles,
el vinagre,
las despedidas en las estaciones
cuando el humo levanta sus ruedas decisivas
hacia donde no hay nada sino algunas
separaciones, piedras, vías férreas.

Hay tantas gentes haciendo preguntas
por todas partes.
Hay el ciego sangriento, y el iracundo, y el
desanimado,
y el miserable, el árbol de las uñas,
el bandolero con la envidia a cuestas.

Así es la vida, Federico, aquí tienes
las cosas que te puede ofrecer mi amistad
de melancólico varón varonil.
Ya sabes por ti mismo muchas cosas,
y otras irás sabiendo lentamente.
664
Paulo Coelho

Paulo Coelho

El sabio es sabio porque

El sabio es sabio porque ama. El loco es loco porque piensa que puede entender el amor.
116
Henry Miller

Henry Miller

Cuando todo vuelva a retirarse

Cuando todo vuelva a retirarse a la matriz del tiempo, reinará el caos de nuevo, y el caos es la partitura en la que está escrita la realidad.
117
Ayn Rand

Ayn Rand

Todo dictador es un místico,

Todo dictador es un místico, y todos los místicos son dictadores potenciales.
64
Sócrates

Sócrates

Podría subir al lugar más

Podría subir al lugar más alto de Atenas, elevaría mi voz y diría:
264
Johann Wolfgang von Goethe

Johann Wolfgang von Goethe

¿Quién osó luchar con los

¿Quién osó luchar con los dioses, y quién con el único? Es hermoso ser un discípulo de Homero, aunque sea el último.
100
Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez

Carajo gritó

- ¡Carajo!- gritó.
Amaranta, que empezaba a meter la ropa en el baúl, creyó que la había picado un alacrán.
- ¿Dónde está? - preguntó alarmada.
- ¿Qué?
- ¡El animal!
Úrsula se puso un dedo en el corazón.
- Aquí- dijo.
264
Woody Allen

Woody Allen

Ni la Última Cena con

Ni la Última Cena con el reparto original lograría llenar esta sala.
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Eleanor Roosevelt

Eleanor Roosevelt

Se disfruta más haciendo disfrutar

Se disfruta más haciendo disfrutar a otros. Debería pensar más en la felicidad que es capaz de causar.
100
Henry Miller

Henry Miller

Cada guerra es una destrucción

Cada guerra es una destrucción del espíritu humano.
142
Paulo Coelho

Paulo Coelho

En algunos momentos las personas

En algunos momentos las personas son incapaces de entender la felicidad.
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