Lista de Poemas
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José Juan Tablada
Nocturno Alterno
Neoyorquina noche dorada
Fríos muros de cal moruna
Rector's champaña foxtrot
Casas
mudas y fuertes rejas
Y volviendo la mirada
Sobre las silenciosas tejas
El alma petrificada
Los
gatos blancos de la luna
Como la mujer de Loth
¡Y sin embargo
es una
misma
en New York
y en Bogotá
La
Luna...!
Fríos muros de cal moruna
Rector's champaña foxtrot
Casas
mudas y fuertes rejas
Y volviendo la mirada
Sobre las silenciosas tejas
El alma petrificada
Los
gatos blancos de la luna
Como la mujer de Loth
¡Y sin embargo
es una
misma
en New York
y en Bogotá
La
Luna...!
611
Juan de Iriarte
Epigrama De La Extrema Aflicción
Su dolor no llame agudo
quien llora con frenesí.
El gran sentimiento es mudo.
¡Triste de aquél que no pudo
decir siquiera: ay de mí!
quien llora con frenesí.
El gran sentimiento es mudo.
¡Triste de aquél que no pudo
decir siquiera: ay de mí!
463
Juan de Iriarte
Epigrama Canciones Del Epigrama
A la abeja semejante,
para que cause placer,
el epigrama ha de ser:
pequeño, dulce y punzante.
para que cause placer,
el epigrama ha de ser:
pequeño, dulce y punzante.
780
Juan de Iriarte
Epigrama Del Verano Y El Invierno
Dos son las enfermedades
que el hombre padece al año:
una que llaman invierno,
otra que llaman verano.
que el hombre padece al año:
una que llaman invierno,
otra que llaman verano.
470
Juan de Iriarte
Epigrama Heráclito Y Demócrito
Aquel filósofo ríe,
este llora: aquel contempla
lo cómico de la vida,
este lo trágico de ella.
este llora: aquel contempla
lo cómico de la vida,
este lo trágico de ella.
728
Juan de Iriarte
Epigrama La Mariposa
La luz hermosa del fuego
a la mariposa engaña:
el sol mismo la fomenta,
la imagen del sol la mata.
a la mariposa engaña:
el sol mismo la fomenta,
la imagen del sol la mata.
551
Juan de Iriarte
Epigrama Limpieza De Madrid Debida A Carlos Iii
Al igualar ya con tu cielo
tu suelo, Madrid, te atreves:
el cielo a Júpiter debes;
a Carlos debes el suelo.
tu suelo, Madrid, te atreves:
el cielo a Júpiter debes;
a Carlos debes el suelo.
427
Juan de Iriarte
Epigrama El Hierro Y El Oro
Mandan las cosas humanas,
a su arbitrio, el oro y hierro:
y entre sí estos dos metales
se dividen el imperio.
a su arbitrio, el oro y hierro:
y entre sí estos dos metales
se dividen el imperio.
547
Juan de Iriarte
Epigrama A Una Muchacha Muda Y Rica
Rica y muda es la doncella:
mil andan alrededor:
dos dotes a cual mejor
lleva quien case con ella.
mil andan alrededor:
dos dotes a cual mejor
lleva quien case con ella.
479
Juan de Iriarte
Epigrama A La Afición De Los Gallegos Al Tabaco
Más contribuyen al Rey
con la nariz los gallegos,
que los demás españoles
juntos con todo su cuerpo.
con la nariz los gallegos,
que los demás españoles
juntos con todo su cuerpo.
439
Juan de Iriarte
Epigrama A Un Tuerto Enamorado
Si como dicen es cierto
que amor por los ojos entra
no sé como en ti se encuentra
amor tanto siendo tuerto.
que amor por los ojos entra
no sé como en ti se encuentra
amor tanto siendo tuerto.
465
Juan de Iriarte
Epigrama La Inoculación De Las Viruelas
Feliz hallazgo y virtud
del arte medicinal,
¡hacer que de injerto mal
brote la misma salud!
del arte medicinal,
¡hacer que de injerto mal
brote la misma salud!
452
Juan de Iriarte
Epigrama Los Malcasados
Cuando a alguno se pretende
casar contra su deseo,
el hacha apaga Himeneo,
y Tesífone la enciende.
casar contra su deseo,
el hacha apaga Himeneo,
y Tesífone la enciende.
514
Juan de Iriarte
Epigrama Don Lindo
Quien se acicala y repule,
quien presume en el vestir,
o quiere que gusten de él,
o gusta mucho de sí.
quien presume en el vestir,
o quiere que gusten de él,
o gusta mucho de sí.
439
Juan de Iriarte
Epigrama A Una Muchacha Hermosa Y Boba
La beldad más superior
si de discreción carece,
¿no sabes lo que parece?
flor vistosa sin dolor.
si de discreción carece,
¿no sabes lo que parece?
flor vistosa sin dolor.
417
Juana de Ibarbourou
El Dulce Milagro
¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besóme las manos, y en ellas,
¡oh gracia! brotaron rosas como estrellas.
Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto
y bajo el milagro de mi encantamiento
se aroman de rosas las alas del viento.
Y murmura al verme la gente que pasa:
«¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.
¡Dice que en las manos le han nacido rosas
y las va agitando como mariposas!»
¡Ah, pobre la gente que nunca comprende
un milagro de éstos y que sólo entiende,
que no nacen rosas más que en los rosales
y que no hay más trigo que el de los trigales!
que requiere líneas y color y forma,
y que sólo admite realidad por norma.
Que cuando uno dice: «Voy con la dulzura»,
de inmediato buscan a la criatura.
Que me digan loca, que en celda me encierren,
que con siete llaves la puerta me cierren,
que junto a la puerta pongan un lebrel,
carcelero rudo, carcelero fiel.
Cantaré lo mismo: «Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen».
¡Y toda mi celda tendrá la fragancia
de un inmenso ramo de rosas de Francia!
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besóme las manos, y en ellas,
¡oh gracia! brotaron rosas como estrellas.
Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto
y bajo el milagro de mi encantamiento
se aroman de rosas las alas del viento.
Y murmura al verme la gente que pasa:
«¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.
¡Dice que en las manos le han nacido rosas
y las va agitando como mariposas!»
¡Ah, pobre la gente que nunca comprende
un milagro de éstos y que sólo entiende,
que no nacen rosas más que en los rosales
y que no hay más trigo que el de los trigales!
que requiere líneas y color y forma,
y que sólo admite realidad por norma.
Que cuando uno dice: «Voy con la dulzura»,
de inmediato buscan a la criatura.
Que me digan loca, que en celda me encierren,
que con siete llaves la puerta me cierren,
que junto a la puerta pongan un lebrel,
carcelero rudo, carcelero fiel.
Cantaré lo mismo: «Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen».
¡Y toda mi celda tendrá la fragancia
de un inmenso ramo de rosas de Francia!
1.219
Juana de Ibarbourou
Reconquista
No sé de donde regresó el anhelo
De volver a cantar como en el tiempo
en que tenía entre mi puño el cielo
Y con una perla azul el pensamiento.
De una enlutada nube, la centella,
Súbito pez, hendió la noche cálida
Y en mí se abrió de nuevo la crisálida
Del verso alado y su bruñida estrella.
Ahora ya es el hino centelleante
Que alza hasta Dios la ofrenda poderosa
De su bruñida lanza de diamante.
Unidad de la luz sobre la rosa.
Y otra vez la conquista alucinante
De la eterna poesía victoriosa.
De volver a cantar como en el tiempo
en que tenía entre mi puño el cielo
Y con una perla azul el pensamiento.
De una enlutada nube, la centella,
Súbito pez, hendió la noche cálida
Y en mí se abrió de nuevo la crisálida
Del verso alado y su bruñida estrella.
Ahora ya es el hino centelleante
Que alza hasta Dios la ofrenda poderosa
De su bruñida lanza de diamante.
Unidad de la luz sobre la rosa.
Y otra vez la conquista alucinante
De la eterna poesía victoriosa.
1.042
Juana de Ibarbourou
La Higuera
Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.
En mi quinta hay cien árboles bellos,
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.
En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.
Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se viste...
Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
«Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto».
Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!
Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:
¡Hoy a mí me dijeron hermosa!
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.
En mi quinta hay cien árboles bellos,
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.
En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.
Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se viste...
Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
«Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto».
Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!
Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:
¡Hoy a mí me dijeron hermosa!
2.156
Juana de Ibarbourou
Como Una Sola Flor Desesperada
Lo quiero con la sangre, con el hueso,
con el ojo que mira y el aliento,
con la frente que inclina el pensamiento,
con este corazón caliente y preso,
y con el sueño fatalmente obseso
de este amor que me copa el sentimiento,
desde la breve risa hasta el lamento,
desde la herida bruja hasta su beso.
Mi vida es de tu vida tributaria,
ya te parezca tumulto, o solitaria,
como una sola flor desesperada.
Depende de él como del leño duro
la orquídea, o cual la hiedra sobre el muro,
que solo en él respira levantada.
con el ojo que mira y el aliento,
con la frente que inclina el pensamiento,
con este corazón caliente y preso,
y con el sueño fatalmente obseso
de este amor que me copa el sentimiento,
desde la breve risa hasta el lamento,
desde la herida bruja hasta su beso.
Mi vida es de tu vida tributaria,
ya te parezca tumulto, o solitaria,
como una sola flor desesperada.
Depende de él como del leño duro
la orquídea, o cual la hiedra sobre el muro,
que solo en él respira levantada.
972
Juana de Ibarbourou
La Hora
Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.
Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.
Ahora que tengo la carne olorosa
y los ojos limpios y la piel de rosa.
Ahora que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera.
Ahora que en mis labios repica la risa
como una campana sacudida aprisa.
Después..., ¡ah, yo sé
que ya nada de eso más tarde tendré!
Que entonces inútil será tu deseo,
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.
¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!
Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.
Hoy, y no mañana. ¡Oh amante! ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?
y que llevo dalias nuevas en la mano.
Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.
Ahora que tengo la carne olorosa
y los ojos limpios y la piel de rosa.
Ahora que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera.
Ahora que en mis labios repica la risa
como una campana sacudida aprisa.
Después..., ¡ah, yo sé
que ya nada de eso más tarde tendré!
Que entonces inútil será tu deseo,
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.
¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!
Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.
Hoy, y no mañana. ¡Oh amante! ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?
1.508
Jesús Hilario Tundidor
Configuración
Como quien bajo un árbol se guarece
de la lluvia. Y se cala. Y así la lluvia entra
lloviendo en el paisaje de su espíritu
y hace su carne lo existente: el mundo.
Luego, al lucir del sol, su pensamiento
en íntimo arcoiris lo deslumbra
más poderoso que la luz de fuera,
y translúcido siente que le acosa
la realidad y la pasión, la vida.
Y él es feliz, pues sabe que aquel orbe
en la movilidad del tiempo esquivo
jamás enfriará la luz de invierno.
de la lluvia. Y se cala. Y así la lluvia entra
lloviendo en el paisaje de su espíritu
y hace su carne lo existente: el mundo.
Luego, al lucir del sol, su pensamiento
en íntimo arcoiris lo deslumbra
más poderoso que la luz de fuera,
y translúcido siente que le acosa
la realidad y la pasión, la vida.
Y él es feliz, pues sabe que aquel orbe
en la movilidad del tiempo esquivo
jamás enfriará la luz de invierno.
492
Jesús Hilario Tundidor
Poblamiento
POBLAMIENTO
Homenaje a Fray Luis de León
Del monte en la ladera
del espíritu.
Sedentario habitante
del espíritu.
Orea el huerto el aire
del espíritu.
Tu plaza recogida
del espíritu.
Abre Fray Luis el mundo
del espíritu
y conozca la paz
de la materia.
418
Jesús Hilario Tundidor
País Del Águila
Fácil, en la meseta castellana
es el cielo, franco
el espacio, sin puertas, extendido,
país puro del águila... Pero
hondamente aquí
oxígeno mortal llevan sus aires
y un moho la libertad que quema el ámbito
de su llanura, ¡tanta contraria ley
marchitó a quien la puebla!
Y así encina y pinar ofrecen siempre
recogimiento, mas la acidia y la envidia
no abandonan sus hojas
que la lluvia no arrastra, ni lo mezquino
su corazón que poseído hubiera
las vastas galerías donde nace
la luz que cerca habita.
No pudo ser, por eso vengo ahora
a contemplar este abierto ofertorio donde
sobre aquella hermosura
que acaso no merezcan
sus hombres
el más hondo pensar aquí se inicia.
es el cielo, franco
el espacio, sin puertas, extendido,
país puro del águila... Pero
hondamente aquí
oxígeno mortal llevan sus aires
y un moho la libertad que quema el ámbito
de su llanura, ¡tanta contraria ley
marchitó a quien la puebla!
Y así encina y pinar ofrecen siempre
recogimiento, mas la acidia y la envidia
no abandonan sus hojas
que la lluvia no arrastra, ni lo mezquino
su corazón que poseído hubiera
las vastas galerías donde nace
la luz que cerca habita.
No pudo ser, por eso vengo ahora
a contemplar este abierto ofertorio donde
sobre aquella hermosura
que acaso no merezcan
sus hombres
el más hondo pensar aquí se inicia.
464
Jesús Hilario Tundidor
Nunca Culpable
Nunca culpable
el que origina el cántico.
La superficie, el ras, el viento,
el giro y la partícula,
pura presencia al fin la ola que canta.
Sola fatalidad: el ser consciente.
el que origina el cántico.
La superficie, el ras, el viento,
el giro y la partícula,
pura presencia al fin la ola que canta.
Sola fatalidad: el ser consciente.
449