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Juan de Iriarte

Juan de Iriarte

Epigrama Los Malcasados

Cuando a alguno se pretende
casar contra su deseo,
el hacha apaga Himeneo,
y Tesífone la enciende.
508

A Lope De Vega

Las fuerzas, Peregrino celebrado,
afrentará del tiempo y del olvido
el libro que, por tuyo, ha merecido
ser del uno y del otro respetado.

Con lazos de oro y yedra acompañado,
el laurel con tu frente está corrido
de ver que tus escritos han podido
hacer cortos los premios que te ha dado.

La invidia su verdugo y su tormento
hace del nombre que cantando cobras,
y con tu gloria su martirio crece.

Mas yo disculpo tal atrevimiento,
si con lo que ella muerde de tus obras
la boca, lengua y dientes enriquece.
578
Roberto Juarroz

Roberto Juarroz

51

Algún día encontraré una palabra
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.

Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te usa tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía,
y no se detendrá ni cuando mueras.
474
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Entre Armas, Guerra, Fuego, Ira Y Furores

Entre armas, guerra, fuego, ira y furores,
que al soberbio francés tienen opreso,
cuando el aire es más turbio y más espeso,
allí me aprieta el fiero ardor de amores.

Miro el cielo, los árboles, las flores,
y en ellos hallo mi dolor expreso,
que en el tiempo más frío y más avieso
nacen y reverdecen mis temores.

Digo llorando: «¡Oh dulce primavera,
cuándo será que a mi esperanza vea
ver de prestar al alma algún sosiego!»

Mas temo que mi fin mi suerte fiera
tan lejos de mi bien quiere que sea,
entre guerra y furor, ira, armas, fuego.
396
Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez

Primavera

Abril, sin tu asistencia clara, fuera
invierno de caídos esplendores;
mas aunque abril no te abra a ti sus flores,
tú siempre exaltarás la primavera.

Eres la primavera verdadera;
rosa de los caminos interiores,
brisa de los secretos corredores,
lumbre de la recóndita ladera.

¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa,
abrazados los dos, sea tu risa
el surtidor de nuestra sola fuente!

Mi corazón recojerá tu rosa,
sobre mis ojos se echará tu brisa,
tu luz se dormirá sobre mi frente...
2.006
Diego de Torres y Villarroel

Diego de Torres y Villarroel

Cuenta Un Sopón, Sirviente De Estudiante, Su Vida A Otro Amigo

Siete años ha que sirvo, hecho un guillote,
a un escolar que vive de pegote;
y es en la escuela tan corrida zorra,
que aunque viste de largo va de gorra;
está roto, después es desgarrado;
es bien nacido, pero mal criado.

Una vieja más vieja que la sarna,
menos que no se encarna,
suele de mes a mes muy aburrida
guisarnos la comida,
que lo demás del año no hay potaje;
yo como de pillaje,
y mi amo ¡alhaja honrada!,
fingiendo que está lejos la posada,
o con otro motivo que él enreda,
donde le dan las doce allí se queda.

Lo que yo pillo, y lo que mi amo guarda
de la mesa en que come aventurero,
se junta por la noche en un puchero;
repártese entre tres el almodrote:
mi amo y yo al escote,
a la vieja también damos su parte,
y aunque no sea Cuaresma se la parte.

Es la tal manca, coja, zancajosa,
sorbida de mofletes, lagañosa,
tiene flatos, verrugas y cuartanas,
mucha sangre de espaldas y almorranas;
ella es de enfermedades una odrina,
y lo peor que tiene es mal de orina;
para mí siempre es viernes, que el pescado
es manjar muy salado,
y aun cuando se me burla la esperanza,
le canto una vigilia a la mi panza,
que comer de vigilia, eso es mi yesca,
que soy aficionado de la pesca,
y tengo un paladar tan sazonado
que hasta la carne para mí es pescado.

Yo como, como un rey cuando se rapa,
y los más de los días como un papa,
y muchas veces a llevar me obliga
en silla de la reina a la barriga.

Un cartel muy funesto
tengo en el cuarto donde tengo puesto:
«Tiene pena de vida, alerta, alerta,
el cochino que entrare por la puerta,
el pollo, la gallina, el pavo, el gallo,
el ganso, el carnero y el caballo»;
porque montando en hambre un estudiante,
no digo yo un caballo, un elefante.

Aunque no soy galán, cuanto al vestido,
siempre lo traigo, pero muy traído;
y aunque el sastre lo hubiese mal cortado,
en mi estatura está bien acabado;
y cuando me desnudo estos andrajos
dejo sembrado el cuarto de trapajos,
porque en cada agujero está un remiendo,
y aquéstos sin coser los voy poniendo.

Téngolos oprimidos contra el pecho,
y entre tal cual botón, aunque es mal hecho
el tenerlos así tan apretados,
porque caen en la tierra desmayados.

Sale del cuerpo, y es la maravilla,
que queda hecha un harnero mi ropilla,
que aunque yo soy tan noble, y soy tan guapo,
siempre me acompañé con todo trapo.

Las bragas muy manidas y muy tiernas
sólo tienen rodillas y entrepiernas.

¿Aforro? No se nombre, que le ahorro;
la caspa de los muslos es el forro,
y cuando más, le pongo por juguete
un almidón de grasa por ribete;
y si fuera preciso el azotarme,
no era menester desatacarme,
y sólo esto me falta en mi conciencia,
además del ayuno, penitencia;
pero por las mañanas, si me visto,
allí sí, necesito de andar listo,
llamando los trapajos a la audiencia
a darlos su lugar y residencia;
y como al revestirse cualquier cura,
le va rezando a cada vestidura,
yo como buen cristiano y como guapo,
le rezo una oración a cada trapo;
soy formal en vestir y tengo norma:
nada hay de la materia, todo es forma,
que sólo en mi vestido y mi laceria
puede existir la forma sin materia.

En cuanto a lo calzado,
eso es lo que siempre anda muy tirado;
lo más que traigo en naturales hormas
son, cual niño amontado, estas dos cormas.

Estas no tienen suelas, y al desgaire,
como tengo gran planta la echo al aire.
¿La cama? Aqueso es risa,
de sábanas no tiene ni aun camisa,
sólo tiene en el suelo dos cuartones,
y dos negras obleas por colchones;
una manta, un jergón, y allí hacia un lado
un orinal muy viejo y muy barbado,
porque nunca se afeita, y con enojo
tiene echadas las barbas en remojo.

Una cruz de castaño muy funesta
hacia mi cabecera tengo puesta,
que como alguna vez en mis pasiones
doy al diablo la cama y los colchones,
con todo no quisiera la llevara,
porque me hace gran falta si la hurtara.

¿Qué más cruz que mi cama, donde añado
el cuadro de mí mismo desdichado,
y en tan triste taladro,
toda la noche paso en cruz y en cuadro?

La prevención del cuarto se reduce
a un viudo candil que jamás luce,
se arrincona, anda a obscuras y se queja
porque se le murió la candileja;
está enfermo, padece sin sosiego,
y no puede ver luz de puro ciego;
está manco, la cara tiene rota,
y en su vida ha tenido mal de gota;
una espada, un broquel y tal cual caja,
de comedias un libro, una baraja,
dos sillas cojas, un arquetón malo,
y una mesa que tiene pie de palo.

Éste nunca ha llevado barredura,
porque sirve de mucho mi basura
que como el buen platero se acaudilla
guarda su basura a la escobilla,
de esta suerte también, Jigote amigo,
suelo guardar mi estiércol para el trigo,
y con mi triste capa hecha pedazos,
si alguna vez lo barro, es a capazos.

Ya, mi Jigote, has visto
de la suerte que como, bebo y visto;
me sustento, me calzo y me bandeo,
mi gusto, mi alegría y triste empleo,
mis trabajos, mis mañas, mis engaños,
cómo paso los días y los años;
ahora mira tú, pues que porfías,
si igualan tus miserias a las mías.


593
Juan de Iriarte

Juan de Iriarte

Epigrama A Una Muchacha Hermosa Y Boba

La beldad más superior
si de discreción carece,
¿no sabes lo que parece?
flor vistosa sin dolor.
416

Leer, Leer, Leer, Vivir La Vida

Leer, leer, leer, vivir la vida
que otros
soñaron.
Leer, leer, leer, el alma olvida
las cosas que pasaron.
Se quedan las que quedan, las ficciones,
las flores de la pluma,
las solas, las humanas creaciones,
el poso de la espuma.
Leer, leer, leer; ¿seré lectura
mañana
también yo?
¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que
pasó?
1.260
Roberto Juarroz

Roberto Juarroz

48

Si uno encuentra de pronto que lleva entre las manos
un ramo del color de los niños perdidos
o de los ojos de los muertos,
ya no puede seguir doblando las esquinas,
ni doliéndole como siempre a las ventanas,
ni haciendo un torniquete del pasado
entre espirales de perros
y oraciones sin dios.

Es preciso entonces conseguir un lugar
donde el amor y la luna
se expendan en envases separados
y la muerte baje por una ranura y no muy cara.

Y es preciso sellar bien los cabellos,
aunque no se los corte,
para que no sigan enredando a la gente
y convirtiéndola en árboles.

Y entonces, sobre todo,
es preciso callar
y devolver.
449
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Mirando Cómo Va Soberbio, Airado

Mirando cómo va soberbio, airado,
a pagar su tributo al mar el Reno,
de su propia alma y de su bien ajeno,
Vandalio está cuidoso, recostado

a la sombra de un olmo, y descansado
ya de llorar, de mil congojas lleno,
viendo partir de sí el pastor Tirreno,
dijo con un suspiro apasionado:

«¡Dichoso tú, tú sólo eres dichoso,
que vuelves do verás tan presto el Tago
y el bien que te hace ir tan presuroso!

»Yo, mísero, llorando me deshago
de sólo ver Pisuerga deseoso.
¡Mira cuál es de Amor, Tirreno, el pago!».
374
Mario Benedetti

Mario Benedetti

La Vuelta De Mambrú

Cuando Mambrú se fue a la guerra, llevaba una almohadilla y un
tirabuzón. La almohadilla para descansar después de las
batallas y el tirabuzón para descorchar las efímeras
victorias.


También llevaba un paraguas contra venablos, aguaceros y
palabrotas; un anillo de oro para la suerte y contra los orzuelos y un
llavero con la llave de su más íntimo desván.



Como a menudo le resultaba insoportable la ausencia de la señora
de Mambrú, llevaba un ejemplar del “Cantar de los Cantares”, a
fin de sobrellevar los veranillos de San Juan, un abanico persa y otro
griego.



Llevaba una receta de sangría para sobornar al cándido
enemigo y para el caso de que este no fuera sobornable llevaba un
arcabuz y un verduguillo.


Así mismo unas botas de potro que rara vez usaba, ya que siempre
le había gustado caminar descalzo y un calidoscopio
artesanal, debido probablemente a que Marei, Edison y Lumiere no
habían nacido para inventar el cine.


Llevaba por último, un escudo de arpillera porque los de hierro
pesaban mucho y dos o tres principios fundamentales mezclados con la
capa bajo el morrión.


Nunca se supo como le fue a Mambrú en la guerra, ni cuantas
semanas o siglos se demoró en ellas. Lo cierto es que no
volvió para la Pascua ni para Navidad. Por el contrario,
transcurrieron centenares de Pascuas y Navidades sin que volviera o
enviara noticias. Ya nadie se acordaba de él ni de su perra.
Nadie cantaba ya la canción que en su tiempo era un hit.



Y sin embargo, fue en medio de esa amnesia que regresó en un
vuelo regular de Iberia, exactamente el miércoles pasado. Tan
rozagante que nadie osó atribuirle más de un siglo y
medio. Tan lozano que parecía el bisnieto de Mambrú.


Por supuesto ante retorno tan insólito hubo una conferencia de
prensa en el abarrotado salón Vip. Todos querían conocer
las novedades que traía Mambrú después de tanta
guerra. Cuántas heridas, Cuántos grilletes.
Cuántos casus belis. Cuántos pillajes y zafarranchos de
combate. Cuánto orgullo, cuántas lecciones.
Cuántos laureles, cuántas medallas y cruces y
chafalonías.


Ante el asedio de micrófonos que diecinueve hombres de
prensa blandían como cachiporras, Mambrú, oprimido pero
afable solo alcanzó a decir: —Señores no sé de
qué me están hablando. Traje una brisa con arpegios, una
paciencia que es un río, una memoria de cristal. Un
ruiseñor, dos ruiseñoras, traje una flecha de arco iris y
un túnel pródigo de ecos. Tres rayos tímidos y una
sonata para grillo y piano. Un lorito tartamudo y una canilla que no
tose. Traje un teléfono de ensueño y un aparejo para
náufragos. Traje éste traje y otro más. Y
un faro que baja los párpados, traje un limón
contra la muerte y muchas ganas de vivir.



Fue entonces que nació la calma y hubo un silencio transparente.
Un necio adujo que las pilas se hallaban húmedas de llanto y que
por eso los micrófonos estaban sordos y perplejos.


Poquito a poco aquel asedio se fue estrechando en un abrazo y
Mambrú viejo y joven y único sintió por fin que
estaba en casa.
768
Juana de Ibarbourou

Juana de Ibarbourou

El Dulce Milagro

¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besóme las manos, y en ellas,
¡oh gracia! brotaron rosas como estrellas.

Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto
y bajo el milagro de mi encantamiento
se aroman de rosas las alas del viento.

Y murmura al verme la gente que pasa:
«¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.
¡Dice que en las manos le han nacido rosas
y las va agitando como mariposas!»

¡Ah, pobre la gente que nunca comprende
un milagro de éstos y que sólo entiende,
que no nacen rosas más que en los rosales
y que no hay más trigo que el de los trigales!

que requiere líneas y color y forma,
y que sólo admite realidad por norma.
Que cuando uno dice: «Voy con la dulzura»,
de inmediato buscan a la criatura.

Que me digan loca, que en celda me encierren,
que con siete llaves la puerta me cierren,
que junto a la puerta pongan un lebrel,
carcelero rudo, carcelero fiel.

Cantaré lo mismo: «Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen».
¡Y toda mi celda tendrá la fragancia
de un inmenso ramo de rosas de Francia!
1.215
Diego de Torres y Villarroel

Diego de Torres y Villarroel

A La Memoria De D Juan Domingo De Haro Y Guzmán

La tierra, el polvo, el humo, en fin, la nada,
al héroe más insigne y portentoso,
es el único triunfo, el más glorioso,
que robar has logrado, muerte airada.

La vida de su fama celebrada,
fe, virtud y valor y celo ansioso,
exentos de tu brazo pavoroso,
en lo eterno aseguran su morada.

Al honor, al aplauso, al ardimiento,
a la piedad, al culto y a la gloria
tocar no pudo tu furor violento.

Pues si de tantas vidas la memoria
eterna vive en este monumento,
¿en qué fundas, oh Parca, tu victoria?


775

Romance

«A los moros por dinero;
a los cristianos de balde».
¿Quién es ésta que lo cumple?
Dígasmelo tú, el romance.

Yo, con mi fe de bautismo,
tras ella bebo los aires;
por moro me tienen todas:
dinero quieren que gaste.

En lenguaje de mujeres,
que es diferente lenguaje,
de balde es dos veces ,
cosa que no entendió nadie.

Todas me llaman Antón,
todas me cobran Azarque,
y son, al daca y al pido,
mis billetes Alcoranes.

El sombrero que les quito
se les antoja turbante,
y mi prosa, algarabía,
por más español que hable.

Sin duda, romance aleve,
que, por sólo el consonante,
a los pordioseros fieles
les diste alegrón tan grande.

Y aquella maldita hembra,
para burlar el linaje
de los Baldeses de paga,
tocó a barato una tarde.

Iuego que el romance oí,
me llamaba por las calles
cristianísimo, sin miedo
del rey de Francia y sus Pares.

¿Adónde están los cristianos
que gozan de aqueste lance?:
que en el reino de Toledo
los Pedros pagan por Tarfes.

Si la que lo prometiste
en esa cazuela yaces,
más gente harás, si te nombras,
que las banderas de Flandes.

Doña Urraca diz que fue
la del pregón detestable:
que cosa tan mal cumplida
no pudo ser de otras aves.
535
Roberto Juarroz

Roberto Juarroz

46

No debiera ser posible
dormirse sin tener cerca
una voz para poderse despertar.

No debiera ser posible
dormirse sin tener cerca
la propia voz para poderse despertar.

No debiera ser posible
dormirse sin despertar
en el momento justo en que el sueño se encuentra
con esos ojos abiertos
que ya no necesitan dormir más.
487
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Al Pie De Una Alta Haya Muy Sombrosa

Al pie de una alta haya muy sombrosa,
cuando más alto el sol mostraba el día,
mirando el agua clara que corría
por la ribera del Tesín hermosa,

pensando está Vandalio en la rabiosa
ocasión que turbó su fantasía,
tan obstinada el alma en su porfía
cuanto por la ocasión triste y cuidosa:

«¡Ay, suerte desigual! —dijo llorando—,
si está el alma de mí tan separada,
¿tan lejos della cómo o por qué vivo?

»Dolor, que sin matarme así apretando
me vas, o tu poder no puede nada
o se hace inmortal el hado esquivo».
330
Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez

Mensajera De La Estación Total

Todas las frutas eran de su cuerpo,
las flores todas, de su alma.
Y venía, y venía
entre las hojas verdes, rojas, cobres,
por los caminos todos
de cuyo fin con árboles desnudos
pasados en su fin a otro verdor,
ella había salido
y eran su casa llena natural.

¿Y a qué venía, a qué venía?
Venía sólo a no acabar,
a perseguir en sí toda la luz,
a iluminar en sí toda la vida
con forma verdadera y suficiente.

Era lo elemental más apretado
en redondez esbelta y elejida:
agua y fuego con tierra y aire,
cinta ideal de suma gracia,
combinación y metamórfosis.

Espejo de iris májico de sí,
que viese lo de fuera desde fuera
y desde dentro lo de dentro;
la delicada y fuerte realidad
de la imajen completa.
Mensajera de la estación total,
todo se hacía vista en ella.

(Mensajera,
¡qué gloria ver para verse a sí mismo,
en sí mismo,
en uno mismo,
en una misma,
la gloria que proviene de nosotros!)

Ella era esa gloria ¡y lo veía!
Todo, volver a ella sola,
solo, salir toda de ella.

(Mensajera,
tú existías. Y lo sabía yo.)
614
Diego de Torres y Villarroel

Diego de Torres y Villarroel

Vida Bribona

En una cuna pobre fui metido,
entre bayetas burdas mal fajado,
donde salí robusto y bien templado,
y el rústico pellejo muy curtido.

A la naturaleza le he debido
más que el señor, el rico y potentado,
pues le hizo sin sosiego delicado,
y a mí con desahogo bien fornido.

Él se cubre de seda, que no abriga,
yo resisto con lana a la inclemencia;
él por comer se asusta y se fatiga,

yo soy feliz, si halago a mi conciencia,
pues lleno a todas horas la barriga,
fiado de que hay Dios y providencia.


703
Juana de Ibarbourou

Juana de Ibarbourou

Reconquista

No sé de donde regresó el anhelo
De volver a cantar como en el tiempo
en que tenía entre mi puño el cielo
Y con una perla azul el pensamiento.

De una enlutada nube, la centella,
Súbito pez, hendió la noche cálida
Y en mí se abrió de nuevo la crisálida
Del verso alado y su bruñida estrella.

Ahora ya es el hino centelleante
Que alza hasta Dios la ofrenda poderosa
De su bruñida lanza de diamante.

Unidad de la luz sobre la rosa.
Y otra vez la conquista alucinante
De la eterna poesía victoriosa.
1.038

Es Una Antorcha Al Aire Esta Palmera

Es una antorcha al aire esta palmera,
verde llama que busca al sol desnudo
para beberle sangre; en cada nudo
de su tronco cuajó una primavera.

Sin bretes ni eslabones, altanera
y erguida, pisa el yermo seco y rudo;
para la miel del cielo es un embudo
la copa de sus venas, sin madera.

No se retuerce ni se quiebra al suelo;
no hay sombra en su follaje, es luz cuajada
que en ofrenda de amor se alarga al cielo,

la sangre de un volcán que, enamorada
del padre Sol, se revistió de anhelo
y se ofrece, columna, a su morada.
836
Roberto Juarroz

Roberto Juarroz

44

Porque esta noche duermes lejos
y en una cama con demasiado sueño,
yo estoy aquí despierto,
con una mano mía y otra tuya.
Tú seguirás allí
desnuda como tú
y yo seguiré aquí
desnudo como yo.
Mi boca es ya muy larga y piensa mucho
y tu cabello es corto y tiene sueño.
Ya no hay tiempo para estar
desnudos como uno
los dos.
468
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Al Rebaño Mayor De Sus Cuidados

Al rebaño mayor de sus cuidados
que a la orilla del Po paciendo se iba,
dijo Vandalio con la mente esquiva,
los ojos de sus lágrimas bañados:

«Paced, mis ovejuelas, pues los hados,
la invidia ajena y la aspereza altiva
de la ribera de Pisuerga os priva
y de sus verdes y floridos prados.

»Si en las hierbas halláis amargo el gusto,
si el agua es menos clara que solía,
si os muestra el cielo invierno a primavera,

»no es fuera de razón, antes muy justo,
pues tan lejos estáis del alma mía,
que sea todo al revés lo que antes era».
334
Mario Benedetti

Mario Benedetti

Digamos

Ayer fue yesterday
para buenos colonos
mas por fortuna nuestro
mañana no es tomorrow
824
Juana de Ibarbourou

Juana de Ibarbourou

La Higuera

Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos,
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se viste...

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
«Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto».

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:

¡Hoy a mí me dijeron hermosa!
2.153