Lista de Poemas
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Efraín Huerta
Ternura
Lo que más breve sea:
la paloma, la flor,
la luna en las pupilas;
lo que tenga la nota más suave:
el ala con la rosa,
los ojos de la estrella;
lo tierno, lo sencillo,
lo que al mirarse tiembla,
lo que se toca y salva
como salvan los ángeles,
como salva el verano
a las almas impuras;
lo que nos da ventura e igualdad
y hace que nuestra vida
tenga el mismo sabor
del cielo y la montaña.
Eso que si besa purifica.
Eso, amiga: tus manos.
Romance Satírico Pinta A Un Doctor En Medicina Que Se Quería Casar
Ángela de Mondragón,
escuchad de vuestro esposo
las grandezas y el valor.
Él es un Médico honrado,
por la gracia del Señor,
que tiene muy buenas letras
en el cambio y el bolsón.
Quien os lo pintó cobarde
no lo conoce, y mintió,
que ha muerto más hombres vivos
que mató el Cid Campeador.
En entrando en una casa
tiene tal reputación,
que luego dicen los niños:
«Dios perdone al que murió».
Y con ser todos mortales
los Médicos, pienso yo
que son todos venïales,
comparados al Dotor.
Al caminante, en los pueblos
se le pide información,
temiéndole más que a la peste
de si le conoce, o no.
De Médicos semejantes
hace el Rey nuestro Señor
bombardas a sus castillos,
mosquetes a su escuadrón.
Si a alguno cura, y no muere,
piensa que resucitó,
y por milagro le ofrece
la mortaja y el cordón.
Si acaso estando en su casa
oye dar algún clamor,
tomando papel y tinta
escribe: «Ante mí pasó».
No se le ha muerto ninguno
de los que cura hasta hoy,
porque antes que se mueran
los mata sin confesión.
De envidia de los verdugos
maldice al Corregidor,
que sobre los ahorcados
no le quiere dar pensión.
Piensan que es la muerte algunos;
otros, viendo su rigor,
le llaman el día del juicio,
pues es total perdición.
No come por engordar,
ni por el dulce sabor,
sino por matar la hambre,
que es matar su inclinación.
Por matar mata las luces,
y si no le alumbra el sol,
como murciégalo vive
a la sombra de un rincón.
Su mula, aunque no está muerta,
no penséis que se escapó,
que está matada de suerte
que le viene a ser peor.
Él, que se ve tan famoso
y en tan buena estimación,
atento a vuestra belleza,
se ha enamorado de vos.
No pide le deis más dote
de ver que matáis de amor,
que en matando de algún modo
para en uno sois los dos.
Casaos con él, y jamás
vïuda tendréis pasión,
que nunca la misma muerte
se oyó decir que murió.
Si lo hacéis, a Dios le ruego
que os gocéis con bendición;
pero si no, que nos libre
de conocer al Dotor.
Ricardo Jaimes Freyre
Los Héroes
hundiendo en su corcel el acicate,
lanza el bárbaro en medio del combate
su pavoroso y lúgubre alarido.
Semidesnudo, sudoroso, herido,
de intenso gozo su cerebro late,
y con su escudo al enemigo abate
ya del espanto del dolor vencido.
Surge de pronto claridad extraña,
y el horizonte tenebroso baña
un mar de fuego de purpúreas ondas,
y se destacan entre lampos rojos,
los anchos pechos, los sangrientos ojos
y las hirsutas cabelleras blondas.
Gutierre de Cetina
Amor, Fortuna Y La Memoria Esquiva
del mal presente, atenta al bien pasado,
me tienen tan perdido y tan cansado
que de triste vivir la alma se priva.
Fortuna me contrasta, amor aviva
el fuego, la memoria un desusado
dolor me causa, y en tan triste estado
quieren a mi pesar los tres que viva.
Yo no espero ver más alegres días,
mal del mal en peor preso y revuelto,
me hallo en la mitad de la carrera.
Teniendo de delante las porfías,
la esperanza de vidrio se me ha vuelto,
y rompió cuando más durar debiera.
José Antonio Ramos Sucre
Trance
He soñado con la beldad rubia. Miro su
despejo y siento su voz.
Inicia con razones elegantes una conversación
de motivo lisonjero.
Yo estoy prosternado. Quiero oprimir entre mis manos
su diestra delgada y perezosa.
Expone en el lenguaje selecto un suceso de siglos
ilustres. Refiere las cuitas de un trovador desengañado.
Yo espío los rasgos de su faz iluminada.
Añade comentarios de crítica afilada y
suspicaz, y yo asiento con mudez inescrutable.
Efraín Huerta
Elegía De La Rosa Blanca
Fuiste cuando el silencio era una voz de llovizna,
cuando sabias corolas daban el equilibrio al corazón de junio
y claras lunas tibias como pequeñas ruedas
llevaron al abismo los insomnios por turbios
y los deseos por vivos y angustiados.
Indelicada rosa blanca.
Desesperada rosa tierna.
Dueña del infinito y precursora de la contemplación y el tedio.
Rosa blanca: viviste puramente,
como apasionada y cansada frialdad,
como alba derrotista.
Eras como un dolor inmóvil
pero ceñido de ansias.
Te guardaba en mis manos creyéndote un silencio de nieve.
Eras torre y sirena.
Eras madera blanca o brisa.
Eras estrella distraída.
En las noches parecías una selva despierta,
muy mojada. Y al día
siguiente eras perla gigante
o tremenda montaña
o cristalina y rauda flor del tiempo.
Yo te seguía con furia y esperanza.
Vivo dueño de nada con tu muerte.
Vivo como una astilla de tristeza.
Jorge Luis Borges
El Desterrado (1977)
y no se acuerda de su rey, que fue a Troya
hace ya tantos años;
alguien piensa en las tierras heredadas
y en el arado nuevo y el hijo
y es acaso feliz.
En el confín del orbe yo, Ulises,
descendí a la Casa de Hades
y vi la sombra del tebano Tiresias
que desligó el amor de las serpientes,
Y la sombra de Heracles
que mata sombras de leones en la pradera
y así mismo está en el Olimpo.
Alguien hoy anda por Bolívar y Chile
y puede ser feliz o no serlo.
Quién me diera ser él.
Nicolás Guillén
Cómo No Ser Romántico
no me da pena,
cómo no ser Musset
viéndola esta tarde
tendida casi exangüe,
hablando desde lejos,
lejos de allá del fondo de ella misma,
de cosas leves, suaves, tristes.
Los shorts bien shorts
permiten ver sus detenidos muslos
casi poderosos,
pero su enferma blusa pulmonar
convaleciente
tanto como su cuello-fino-modigliani,
tanto como su piel-margarita-trigo-claro,
Margarita de nuevo (así preciso),
en la chaise longue ocasional tendida
ocasional junto al teléfono,
me devuelven un busto transparente
(nada, no más un poco de cansancio).
Es sábado en la calle, pero en vano.
Ay, cómo amarla de manera
que no se me quebrara
de tan espuma tan soneto y madrigal,
me voy no quiero verla,
de tan Musset y siglo XIX
cómo no ser romántico.
Gutierre de Cetina
Huyendo Baja El Monte Aquella Fiera
que de pequeños canes es seguida,
y apenas en lo llano es ya venida,
que no puede volver donde partiera,
en otros da mayores, do cualquiera
la aprieta y le podría quitar la vida,
de estos es peligrosa la salida
de otros sin peligro se saliera.
Así huyendo yo los viejos males,
pequeños en respecto a los de ahora,
en otros más crueles he caído,
y tanto en el peligro desiguales
cuanto, siendo por vos, estoy, señora,
cierto de no volver donde he salido.
Ricardo Jaimes Freyre
Las Voces Tristes
se desliza el trineo;
los lejanos aullidos de los lobos
se unen al jadeante resoplar de los perros.
Nieva.
Parece que el espacio se envolviera en un velo,
tachonado de lirios
por las alas del cierzo.
El infinito blanco...
sobre el vasto desierto
flota una vaga sensación de angustia,
de supremo abandono, de profundo y sombrío desaliento.
Un pino solitario
dibújase a lo lejos,
en un fondo de brumas y de nieve,
como un largo esqueleto.
Entre los dos sudarios
de la tierra y el cielo,
avanza en el naciente,
el helado crepúsculo de invierno...
Mario Benedetti
Tantas Ciudades
y otras que son ciudadelas del asco
hay ciudades que son capitales de audacia
y otras que apenas son escombreras del miedo
pero aun sin llegar a esos extremos
en unas y otras hay rasgos comunes
el puerto / la avenida principal /
callejón de burdeles / la catedral severa
monumentos donde dejan sus flores
ex tiranos y sus máscaras de odio
hay suburbios que ocultan la otra cara
la miserable la mendiga
metrópolis de atmósfera viciada
y otras que apenas tienen un smog espiritual
ciudades con sus mafias barrasbravas y sectas
y otras con angelitos ya pasados de moda
pero aun sin llegar a esos extremos
ostentan atributos compartidos
por ejemplo el deber de estar alegres
durante el carnaval de fecha fija
y mostrarse llorosas y agobiadas
el día de difuntos o en su víspera
o estar enamoradas y tiernísimas
el st.valentine's day que trajeron del norte
hay ciudades que osan defenderse
de la hipocresía y el consumismo
y otras que se entregan indefensas
al consumismo y la hipocresía
ciertamente ninguna ciudad es tan infame
ni tan espléndida o deslumbrante
tal vez una y otra sean de fábula
pensadas desde cierta soledad ominosa
pero aun en las franjas de quimera
en los puntos que nacen del desvelo
hay ciudades para vivir / y otras
en las que no querría ni caerme muerto
Efraín Huerta
La Amante
Y, desdichada, hallarte vibrante de violetas,
celeste, submarina, subterránea,
ahijada de las nubes,
sobrina del oleaje,
madre de minerales
y vegetales de oro,
universal, florida,
jugosa como caña
y ligera de brisas
y cánticos de seda.
Desdichada penumbra al encontrarte
negándose tu cuerpo a mi deseo,
dándose al día siguiente,
circulando en el aire que respiro,
diseñando mi vida,
mi agonía
y mi muerte sencilla,
y mi futura muerte
entre los muertos.
Ah tu cordial miseria de caricias,
el gesto amargo de tus manos
y la rebelde fuga de tu piel,
cómo me decepcionan,
me castigan y ahogan,
hembra de plata líquida,
insobornable y mía.
Y tu noche de gritos y gemidos,
alimentando vida, creando luz,
provocando sudor, melancolía,
amor y más amor desfallecido,
tumultos de palabras,
mi desdichada niña,
olvidándote, sí, casi perdiéndote
en el ruido de torsos y sollozos.
Pero siendo destino, siendo gloria
tus cabellos castaños, tus miradas
y tus feas rodillas de suave juventud.
Jorge Luis Borges
All Our Yesterdays
¿De cuál de los que fui? ¿Del ginebrino
que trazó algún hexámetro latino
que los lustrales años han borrado?
¿Es de aquel niño que buscó en la entera
biblioteca del padre las puntuales
curvaturas del mapa y las ferales
formas que son el tigre y la pantera?
¿O de aquel otro que empujó una puerta
detrás de la que un hombre se moría
para siempre, y besó en el blanco día
la cara que se va y la cara muerta?
Soy los que ya no son. Inútilmente
soy en la tarde esa perdida gente.
Lamentación Amorosa Y Postrero Sentimiento De Amante
acabar de vivir, ni he pretendido
alargar esta muerte que ha nacido
a un tiempo con la vida y el cuidado.
Siento haber de dejar deshabitado
cuerpo que amante espíritu ha ceñido;
desierto un corazón siempre encendido,
donde todo el Amor reinó hospedado.
Señas me da mi ardor de fuego eterno,
y de tan larga y congojosa historia
sólo será escritor mi llanto tierno.
Lisi, estáme diciendo la memoria
que, pues tu gloria la padezco infierno,
que llame al padecer tormentos, gloria.
Gutierre de Cetina
Como Está El Alma A Nuestra Carne Unida
en los miembros las partes igualmente,
y como cada miembro el alma siente
entera en sí y en todos repartida,
y como si una parte es dividida
del cuerpo por algún inconveniente,
el alma queda entera y tan potente
cual siempre, sin que pueda ser partida,
así el amor en mí no se acrecienta
por más favor, ni cuanto más padece
el triste corazón muda el estado.
Muéstrase amor en mí como tormenta
de mar, que cuando más con furia crece,
su término, no pasa limitado.
Ricardo Jaimes Freyre
Lustral
y vino.
Y era pálida y triste, y sus pupilas
ardían, como hogueras de martirios.
Y era su boca como un ave negra
de negras alas.
En sus largos rizos
había espinas. En su frente arrugas.
Tiritaba.
Y me dijo:
¿Me amas aún?
Sobre sus negros labios
posé los labios míos;
en sus ojos de fuego hundí mis ojos,
y acaricié la zarza de sus rizos.
Y uní mi pecho al suyo, y en su frente
apoyé mi cabeza.
Y sentí el frío
que me llegaba al corazón y el fuego
en los ojos.
Entonces
se emblanqueció mi vida como un lirio.
José Antonio Ramos Sucre
Vislumbre Del Día Aciago
El prado fenece en una arboleda. Los vegetales, de
un verde luctuoso, prosperan libremente al aire embebido, fiados al sol
mortecino. Un ave friolenta, de gorjeo tenue, sube en demanda de la
luz. Vuela y trina en medio de un débil esplendor blanco. Posa
alguna vez sobre el techo rojo de un edificio, mansión de dos
pisos, aislada y abandonada.
Lamenta la primavera transparente, cuando revolaba,
trazando orbes y rayas fugaces. Soporta diluvios y torbellinos,
meteoros de la estación maligna. Observa el reposo de las nubes
y de las sombras amontonadas. Recibe la sugestión de la tierra
letárgica y permanece inmóvil, sumada al panorama
desanimado.
Resiste las energías calamitosas, soltadas de
su cárcel nocturna, juntando los débiles alientos de
sí misma, acostumbrada a las oscilaciones de la naturaleza
inmortal; y guarda semejanza con el espectador de una escena
litúrgica, preliminar del retorno indefectible del
júbilo, comentada por el viento en su triste pífano.
Efraín Huerta
Hoy He Dado Mi Firma Para La Paz
Hoy he dado mi firma para la Paz.
Bajo los altos árboles de la Alameda
y a una joven con ojos de esperanza.
Junto a ella otras jóvenes pedían más firmas
y aquella hora fue como una encendida patria
de amor al amor, de gracia por la gracia,
de una luz a otra luz.
Hoy he dado mi firma para la Paz.
Y conmigo, en cien países, cien millones de firmas,
cien orquestas del mundo, una sinfonía universal,
un solo canto por la Paz en el mundo.
Hoy no he firmado el poema ni los pequeños artículos,
ni el documento que te esclaviza,
no he firmado la carta que no siente
ni el mensaje que durará un segundo.
Hoy he dado mi firma para la Paz.
Para que el tiempo no se detenga,
para que el sueño no se inmovilice,
para que la sonrisa sea alta y clara,
para que una mujer aprenda a ver crecer a su hijo
y las pupilas del hijo vean cómo su madre es cada día
más joven.
Hoy he dado una firma, la mía, para la Paz.
Un mar de firmas que ahogan y aturden
al industrial y al político de la guerra.
Una gigantesca oleada de gigantescas firmas:
la temblorosa del niño que apenas balbucea la palabra,
la que es una rosa de llanto de la madre,
la firma de humildad --la firma del poeta.
Hoy he elevado en una el número mundial de firmas por la Paz.
Y estoy contento como un adolescente enamorado,
como un árbol de pie,
como el inagotable manantial
y como el río con su canción de soberbios cristales.
Hoy parece que no he hecho nada
y sin embargo, he dado mi firma para la Paz.
La joven me sonrió y en sus labios había una paloma viva,
y me dio las gracias con sus ojos de esperanza
y yo seguí mi camino en busca de un libro para mis hijos.
Pues ahí estaba mi firma, precisa y diáfana,
al pie del Llamamiento de Berlín.
Parece que no he hecho nada
y sin embargo, creo haber multiplicado mi vida
y multiplicado los más sanos deseos.
Hoy he dado mi firma para la Paz.
1952
Jorge Luis Borges
Elegía
una el Océano, que habló con Claudio,
otra el Norte de aceros ignorantes
y atroces en la aurora y el ocaso,
la tercera la muerte, ese otro nombre
del insaciado tiempo que nos roe.
La carga secular de los ayeres
de la historia que fue o que fue soñada
me abruma, personal como una culpa.
Pienso en la nave ufana que devuelve
a los mares el cuerpo de Scyld Sceaving
que reinó en Dinamarca bajo el cielo;
pienso en el alto lobo, cuyas riendas
eran sierpes, que dio al barco encendido
la blancura del dios hermoso y muerto;
pienso en piratas cuya carne humana
es dispersión y limo bajo el peso
de los mares errantes que ultrajaron.
Pienso en mi propia, en mi perfecta muerte,
sin la urna, la lápida y la lágrima.
Nicolás Guillén
Nieve
nieva también dentro de mí.
(Verlaine con nieve, ¿no es así?)
De ti me acuerdo ya sin ti.
¿A qué llorar, me digo yo,
por quien no llora ni lloró?
Si estuve escrito, me borró,
si ardí un instante, me apagó.
Caiga la nieve, está muy bien.
Mas no por eso va Guillén
a entristecerse si no hay quien
del mismo mal muera también.
Literatura, en realidad,
nimia de toda nimiedad.
¿Que está nevando en la ciudad?
Al fin y al cabo es la verdad.
Ricardo Jaimes Freyre
Rosa Ideal
que fue la princesa-rosa,
en la querella amorosa
de un menestral provenzal.
Si tú sus trovas quisieras,
llegarían, como un ruego,
los serventesios de fuego
en armoniosas hogueras.
Darías al vencedor
los simbólicos trofeos,
en los galantes torneos
de la ciencia del amor.
Incensado por el aura
de la dulce poesía
en tus manos dejaría
su cetro Clemencia Isaura.
Gutierre de Cetina
Cuál Hombre Fue Jamás Tan Sin Sentido
que si entiende de amor el duro estado,
viendo en claros ejemplos lo pasado,
quiera seguir su bando o su partido?
Yo solo soy a quien el hado ha sido
tan contrario, que siendo destinado
a amar sabiendo el daño, soy forzado
quedar, si me defiendo, al fin vencido.
Si trabajo, tal vez por alegrarme,
como cosa contraria al mal que siento,
luego se ve lo falso descubierto.
Si en otro que en amor quiero ocuparme,
el hábito que ha hecho el pensamiento
hace lo más dudoso en mí más cierto.
Mario Benedetti
En Blanco Y Negro
vienen del cine mudo
posan en blanco y negro
en la mano extendida
en el platillo estéril
en la gorra tumbada
en el viejo estribillo
en el tango que narra
de chanfle la miseria
está toda la historia
esa que no sabemos
los mendigos anónimos
antes tenían nombres
y memoria y subtítulos
Efraín Huerta
Pequeñas Palabras Al Pequeño David
los árboles y las banderas triunfales,
los pájaros y los ríos del pueblo,
las ágiles canciones del pionero,
las películas a colores y las fotografías.
Ludmila te sonríe desde el fondo
de su impecable belleza de soberbia señora.
Marina y Boris, Leonid Kosmatov,
Tania y Susana me preguntan por tus ojos.
Y yo les digo que miren al cielo
y solamente escuchen
metales y maderas del heraldo del día
y a todas horas de la ciudad sin horas.
Te da la mano la estrella roja
en el jardín que sueña con la estrella
que es la madre de todas las estrellas.
Te cubre de besos el alto surtidor
y los puentes se inclinan a mi paso
que es tu paso de pequeño gigante,
de capitán que duerme su milagro
de haber nacido al día bajo una tarde.
Te saludan los negros ferrocarriles
y los anchos aviones, y la paloma de la paz
se acoge a tu presencia de varón
que acaba de llegar del otro territorio.