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Efraín Huerta

Efraín Huerta

Agua Del Dios (1)

AGUA DEL DIOS [1]


Agua dulce, agua amarga,

agua de soledad, agua de nada,

agua quebrada para el verde amor

y la amarilla piedad;

agua sin sombra para el aire

de esta región llamada

la más transparente de la sangre.



Dios mío dije ayer en la frontera fuego-sueño

y un elemento lleno de voz y cielos —agua y tierra—

me respondió desde el fondo del corazón de la tragedia:

Acércate, abre las piernas del viento

y húndele tu puñal de purísima obsidiana.



Pero nadie vive de aire sino de hambre

y el canto que anhela lo heroico pierde la alegría

y todo se quebranta como una conversación entre vasallos.

Oh dios mío vuelvo a decir y desde una región

de corales terrestres y desamparo, la misma voz

de siempre: Llora un instante, mírate en el espejo de mi tiempo

y aprende a vivir como un hombre adormilado.



¿Entonces soy el perro-poeta de rodillas

o el jaguar vencido, hincada la mandíbula en la tierra que nada engendra?

Con el hocico enfermo de plumas y cuarzos

subo y bajo bajo y subo la pirámide del miedo,

oh dios endemoniado y brujo, tragador de hongos,

dios de soles envilecidos y príncipes y sacerdotes homosexuales,

yo estoy en adoración todos los días en nombre de mis muertos

y de mis vivos, de todos los que amo y de todos los que no he aprendido a odiar,

así, de rodillas, salvajemente mexicano,

adherido a las hoyos inmundos de tu ancha cara sin horizontes.


Porque se debe decir, partiendo

en dos la podrida manzana de la epopeya:

la patria es

impecable como un asesinato al pie de las ruinas

y una mujer que no pudo parir ni una oración,

la patria es diamantina como la hora del alba en que un hombre es
crucificado

y los panes y semillas del hombre parecen crecer entre telarañas

—y rayos e incendios, oh dios de dioses,

ciegan y matan la inmensidad del sueño.

759
Francisco Villaespesa

Francisco Villaespesa

Por Tierras De Sol Y Sangre Iv Láujar

Mientras la fuente su canción moruna
desgarra, y el azul su luz destella
sobre el jardín un rayo de la luna
la sombra dibujó de Aben-Humeya.

Entre el astral fulgor de la armadura
flotaban sobre su perfil estoico
harapos de la regia vestidura
como jirones de su sueño heroico.

—¡Héroe!—le dije—. ¡Nuestro afán fue vano!
¡Vino la muerte cuando ya tendida
a coger el laurel iba la mano!...

Igual estrella nos brindó la suerte,
pues si un amor te arrebató la vida,
¡también a mí otro amor me da la muerte!
318
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Como Enfermo A Quien Ya Médico Cierto

Como enfermo a quien ya médico cierto
dice que ha de morir si no se bebe
un vaso de ponzoña y no se atreve,
siéndole el daño de ello descubierto;

teme si dura el mal, que ha de ser muerto
antes que el medio peligroso pruebe,
y si para probarlo al fin se mueve,
está de su salud también incierto;

a tal término, Amor, soy allegado,
que me mata el temor, y el desengaño
me tiene de la muerte temeroso.

Pensar venir en duda es excusado,
y habiendo de pasar por el un daño,
de entrambos igualmente estoy dudoso.
308
Ramón López Velarde

Ramón López Velarde

A Mi Prima Águeda

A MI PRIMA ÁGUEDA


A Jesús Villalpando


Mi madrina invitaba a mi prima Águeda

a que pasara el día con nosotros,

y mi prima llegaba

con un contradictorio

prestigio de almidón y de temible

luto ceremonioso.

Águeda aparecía, resonante

de almidón, y sus ojos

verdes y sus mejillas rubicundas

me protegían contra el pavoroso

luto...

Yo era
rapaz

y conocía la o por lo redondo,

y Águeda que tejía

mansa y perseverante en el sonoro

corredor, me causaba

calosfríos ignotos...

(Creo que hasta le debo la costumbre

heroicamente insana de hablar solo).

A la hora de comer, en la penumbra

quieta del refectorio,

me iba embelesando un quebradizo

sonar intermitente de vajilla

y el timbre caricioso

de la voz de mi prima.


Águeda era

(luto, pupilas verdes y mejillas

rubicundas) un cesto policromo

de manzanas y uvas

en el ébano de un armario añoso.


744
José Antonio Ramos Sucre

José Antonio Ramos Sucre

Vestigio

VESTIGIO


Tu suerte infundía el pesar de una
ilusión anulada, de una felicidad escapada y distante; tu
distinción exótica daba relieve a la desventura
interminable de una vida anómala. Yo escuchaba tus lamentaciones
de criatura débil, amenazada y fugitiva.

Vestías de azul y blanco, los colores de la
ola momentánea; y tus ojos, de mirada atónita y lejana,
compendiaban un nostalgioso panorama oceánico. Yo celebraba tu
belleza alba y taciturna de pájaro boreal.

Adornabas la tarde; y yo recuerdo que entonces
acrecentaba la melancolía del poniente e inundaba la ciudad
patricia una procelosa irrupción de nieblas, indómitas
mensajeras del mar.

La muerte benévola te llevó dormida a
su limbo oscuro y vano; pero tu imagen alada, vencedora del olvido,
humilla las malezas de mi jardín sellado con una sobrenatural
blancura de mármol.


518
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Despliegue De Asombros Ante Un Dios

DESPLIEGUE DE ASOMBROS ANTE UN DIOS

A Margarita Peña


A Salvador Amelio


Lo primero es el cielo. Después viene

el espléndido dios que todo lo atruena

con su nariz agujereada y sus miembros

comidos por el hambre de siglos.


El dios vivo y marcado, ungido

con cenizas y lágrimas en cada poro.

El dios traído a un templo a través de otros

templos y otras catedrales y otros misterios.


El dios puesto de pie, venerado,

herido de dolor y de miseria.


Oh dios de cielos y caminos, dios

de agua y furor, dios maldito de misericordia,

devóranos con tu boca sin labios

y tu dura palabra de serpientes heladas.


Oh sordo, ciego y luminoso dios,

enciende alguna vez el rostro del pueblo,

de este bosque sin dueño, propiedad

de todos y de nadie. Patria de espejos

y mediodías, patria embriagada de muerte.


Húndela, inúndala, oh dios sacado

del secreto, dios que miró abrirse

vientres mestizos y padeció la primera herradura.

592
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

La Luna

LA LUNA


A María Kodama


Hay tanta soledad en ese oro.

La luna de las noches no es la luna

que vio el primer Adán. Los largos siglos

de la vigilia humana la han colmado

de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.


951
Nicanor Parra

Nicanor Parra

Es Olvido

Juro que no recuerdo ni su nombre,
Mas moriré llamándola María,
No por simple capricho de poeta:
Por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
Ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del Liceo
Supe de la su muerte inmerecida,
Nueva que me causó tal desengaño
Que derramé una lágrima al oírla.
Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!
Y eso que soy persona de energía.
Si he de conceder crédito a lo dicho
Por la gente que trajo la noticia
Debo creer, sin vacilar un punto,
Que murió con mi nombre en las pupilas.
Hecho que me sorprende, porque nunca
Fue para mí otra cosa que una amiga.
Nunca tuve con ella más que simples
Relaciones de estricta cortesía,
Nada más que palabras y palabras
Y una que otra mención de golondrinas.
La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
Sólo queda un puñado de cenizas),
Pero jamás vi en ella otro destino
Que el de una joven triste y pensativa
Tanto fue así que hasta llegué a tratarla
Con el celeste nombre de María,
Circunstancia que prueba claramente
La exactitud central de mi doctrina.
Puede ser que una vez la haya besado,
¡Quién es el que no besa a sus amigas!
Pero tened presente que lo hice
Sin darme cuenta bien de lo que hacía.
No negaré, eso sí, que me gustaba
Su inmaterial y vaga compañía
Que era como el espíritu sereno
Que a las flores domésticas anima.
Yo no puedo ocultar de ningún modo
La importancia que tuvo su sonrisa
Ni desvirtuar el favorable influjo
Que hasta en las mismas piedras ejercía.
Agreguemos, aún, que de la noche
Fueron sus ojos fuente fidedigna.
Mas, a pesar de todo, es necesario
Que comprendan que yo no la quería
Sino con ese vago sentimiento
Con que a un pariente enfermo se designa.
Sin embargo sucede, sin embargo,
Lo que a esta fecha aún me maravilla,
Ese inaudito y singular ejemplo
De morir con mi nombre en las pupilas,
Ella, múltiple rosa inmaculada,
Ella que era una lámpara legítima.
Tiene razón, mucha razón, la gente
Que se pasa quejando noche y día
De que el mundo traidor en que vivimos
Vale menos que rueda detenida:
Mucho más honorable es una tumba,
Vale más una hoja enmohecida.
Nada es verdad, aquí nada perdura,
Ni el color del cristal con que se mira.

Hoy es un día azul de primavera,
Creo que moriré de poesía,
De esa famosa joven melancólica
No recuerdo ni el nombre que tenía.
Sólo sé que pasó por este mundo
Como una paloma fugitiva:
La olvidé sin quererlo, lentamente,
Como todas las cosas de la vida.
959
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Contento Con El Mal De Amor Vivía

Contento con el mal de Amor vivía,
habiendo el alma en él hábito hecho;
su daño principal ni su provecho
no me alteraba ya, ni lo sentía.

Hora ha querido la desdicha mía
con otro nuevo mal herirme el pecho;
éste me desbarata y me ha deshecho,
mientra menos del otro me temía.

Como enfermo que está ya confiado
que no puede morir de un mal que tiene,
por haberse en el uso así guardado,

cualquier nuevo accidente que le viene,
diferente de aquel que había pensado,
le hace recelar más que conviene.
316
Ramón López Velarde

Ramón López Velarde

Tierra Mojada

Tierra mojada de las tardes líquidas
en que la lluvia cuchichea
y en que se reblandecen las señoritas, bajo
el redoble del agua en la azotea...

Tierra mojada de las tardes olfativas
en que un afán misántropo remonta las lascivas
soledades del éter, y en ellas se desposa
con la ulterior paloma de Noé;
mientras se obstina el tableteo
del rayo, por la nube cenagosa...

Tarde mojada, de hálitos labriegos,
en la cual reconozco estar hecho de barro,
porque en sus llantos veraniegos,
bajo el auspicio de la media luz,
el alma se licúa sobre los clavos
de su cruz...

Tardes en que el teléfono pregunta
por consabidas náyades arteras,
que salen del baño al amor
a volcar en el lecho las fatuas cabelleras
y a balbucir, con alevosía y con ventaja,
húmedos y anhelantes monosílabos,
según que la llovizna acosa las vidrieras...

Tardes como una alcoba submarina
con su lecho y su tina;
tardes en que envejece una doncella
ante el brasero exhausto de su casa,
esperando a un galán que le lleve una brasa;
tardes en que descienden
los ángeles, a arar surcos derechos
en edificantes barbechos;
tardes de rogativa y de cirio pascual;
tardes en que el chubasco
me induce a enardecer a cada una
de las doncellas frígidas con la brasa oportuna;
tardes en que , oxidada
la voluntad, me siento
acólito del alcanfor,
un poco pez espada
y un poco San Isidro Labrador....
608
Mario Benedetti

Mario Benedetti

Grietas

La verdad es que
grietas
no faltan

así al pasar recuerdo
las que separan a zurdos y diestros
a pequineses y moscovitas
a présbites y miopes
a gendarmes y prostitutas
a optimistas y abstemios
a sacerdortes y aduaneros
a exorcistas y maricones
a baratos e insobornables
a hijos pródigos y detectives
a borges y sábato
a mayúsculas y minúsculas
a pirotécnicos y bomberos
a mujeres y feministas
a aquarianos y taurinos
a profilácticos y revolucionarios
a vírgenes e impotentes
a agnósticos y monaguillos
a inmortales y suicidas
a franceses y no franceses

a corto o a larguísimo plazo
todas son sin embargo
remediables

hay una sola grieta
decididamente profunda
y es la que media entre la maravilla del hombre
y los desmaravilladores

aún es posible saltar de uno a otro borde
pero cuidado
aquí estamos todos
ustedes y nosotros
para ahondarla

señoras y señores
a elegir
a elegir de qué lado
ponen el pie.
744
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

El Ingenuo

Cada aurora (nos dicen) maquina maravillas
capaces de torcer la más terca fortuna;
hay pisadas humanas que han medido la luna
y el insomnio devasta los años y las millas.

En el azul acechan públicas pesadillas
que entenebran el día. No hay en el orbe una
cosa que no sea otra, o contraria, o ninguna.
A mí sólo me inquietan las sorpresas sencillas.

Me asombra que una llave pueda abrir una puerta,
me asombra que mi mano sea una cosa cierta,
me asombra que del griego la eleática saeta

instantánea no alcance la inalcanzable meta,
me asombra que la espada cruel pueda ser hermosa,
y que la rosa tenga el olor de la rosa.
654
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Estuario

ESTUARIO


Opresora. Todo lo aprisionas

con tu lengua y pasos de giganta,

oh desconocida oh luminosa

hija de ríos hecha de jade y miel.

Cárcel doy a tu pálida

presencia, gacela ojos de tigre,

cárcel me doy de amor,

mordedura, paciente fuego, ala

y marea, faro en la mar abierta.

Desciendes y derribas

la muralla del ansia. Das tregua

a la cosecha secreta del alba,

cuando los ojos cierra el puerto

al verano y la espuma.

Todo aprisionas con fría garra

deleitosa y madura,

opresora, dientes y lengua de giganta,

dormido espectro, oleaje

de apasionada mansedumbre

muerto de miedo y libertad.

Mayo de 1963

623
Francisco Villaespesa

Francisco Villaespesa

Por Tierras De Sol Y Sangre Iii

Frescura matutina del paisaje...
Verdores temblorosos del rocío...
A veces bajo el túnel del ramaje
brilla al sol la serpiente azul del río...

Hay olor de vendimia en los parrales.
Un silencio de paz duerme en la aldea...
Sólo algún perro ladra en los umbrales
del viejo hogar madrugador que humea.

En la azul palidez de la mañana,
cerrada para siempre la ventana
de las nocturnas citas... ¡Con sus hojas

dosel la enredadera le tejía,
y su pálido rostro sonreía
entre un temblor de campanillas rojas!
334
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Amor, Si Por Amar Amor Se Aquista

Amor, si por amar amor se aquista,
si alguna fe de tanta fe procede,
si premio por servir ganar se puede,
si un grave padecer un alma atrista;

si dura obstinación venció conquista,
si pidiendo merced dureza cede,
si a grande mal piedad se le concede,
si a luengo importunar no hay quien resista;

si de tu mano escrito ya en la frente
lo que siento en el alma al mundo muestro,
debería mi dolor hallar remedio.

Mas ya ni podrá ser, ni lo consiente
mi mal, si por algún caso siniestro
no muestra a tu pesar fortuna el medio.
354
Ramón López Velarde

Ramón López Velarde

Hormigas

A la cálida vida que transcurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces.

Fustigan el desmán del perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.

Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.
723
José Antonio Ramos Sucre

José Antonio Ramos Sucre

El Romance Del Bardo

EL ROMANCE DEL BARDO


Yo estaba proscrito de la vida. Recataba dentro de
mí un amor reverente, una devoción abnegada, pasiones
macerantes, a la dama cortés, lejana de mi alcance.

La fatalidad había signado mi frente.

Yo escapaba a meditar lejos de la ciudad, en medio
de ruinas severas, cerca de un mar monótono.

Allí mismo rondaban, animadas por el dolor,
las sombras del pasado.

Nuestra nación había perecido
resistiendo las correrías de una horda inculta.

La tradición había vinculado la
victoria en la presencia de la mujer ilustre, superviviente de una raza
invicta. Debía acompañarnos espontáneamente, sin
conocer su propia importancia.

La vimos, la vez última, víspera del
desastre, cerca de la playa, envuelta por la rueda turbulenta de las
aves marinas.

Desde entonces, solamente el olvido puede enmendar
el deshonor de la derrota.

La yerba crece en el campo de batalla, alimentada
con la sangre de los héroes.


428
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

El Perú

De la suma de cosas del orbe ilimitado
vislumbramos apenas una que otra. El olvido
y el azar nos despojan. Para el niño que he sido,
el Perú fue la historia que Prescott ha salvado.

Fue también esa clara palangana de plata
que pendió del arzón de una silla y el mate
de plata con serpientes arqueadas y el embate
de las lanzas que tejen la batalla escarlata.

Fue después una playa que el crepúsculo empaña
y un sigilo de patio, de enrejado y de fuente,
y unas líneas de Eguren que pasan levemente

y una vasta reliquia de piedra en la montaña.
Vivo, soy una sombra que la Sombra amenaza;
moriré y no habré visto mi interminable casa.
691
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Sandra Sólo Habla En Líneas Generales

SANDRA SÓLO HABLA EN LÍNEAS GENERALES


Donde habita, donde come, donde

parece un arenoso acantilado,

allí es un cordero de ámbar con ojos de anís

y algo acerca de la dicha sexual tiene escrito en la frente.

Luego viene lo intolerable y maligno

(tal vez su madre, su padre o su hermana),

porque como he dicho dicha digo

que la veo y no la reconozco bajo arcos de triunfo

cocinados a cuchillo,

hablando palabras de fuego sobre el Mediterráneo

(que para ella fue Tequesquitengo o no fue nada),

deshaciéndose en fulgores sobre la soberana idiotez de la
Gioconda

(que a ella, lo sé a ciencia cierta, le pareció

una simple putita de Polanco),

bebiendo vinos rojos, besos rojos —canalla, perra—,

paseándose verdosamente, sandramente

por ciudades que no conozco y que no me importan

como no me importa ella sino porque existe

y es posible verla de lejos, de cerca,

comiendo bajo los húmedos azules de Nápoles,

viendo sin ver y hablando en líneas generales

como en un remanso de siniestra paz gastronómica.


Hace dos días con sus noches pude verla

(ella vive en las calles de Racine

y yo en Lope de Vega, lo cual es todo un drama en seis actos)

y en sus ojos había una tormenta edénica y turbadora

como antes y después del primer pecado

—lo virginal no quita lo caliente—,

Eva maldita Eva milenaria Eva evasiva Eva exúbera

Eva general Eva particularmente deseada y detestada

Eva que sabe a postre de manzana postre de mieles

Eva que huele a café con Leche-de-la-Mujer-Amada

Eva liberada Eva que viajó por Europa

y en verdad que nunca salió de estas amargas calles

¿para qué, si sus alas son dos liras rotas

y en el Foro romano sólo discurren los homosexuales

y alguna pelirroja horizontal originaria de Brooklyn?


Esos hace dos días supe que Sandra había visto piedras
talladas

y visto pinturas en sórdidos museos

y visto a Sofía Loren de lejos, de tan lejos

como de aquí a ella, Sandra de los ojos

que brillan y rebrillan como santelmos a la mitad del naufragio,

Sandra anónima Sandra espigada Sandra para morirse de una buena
vez

Sandra ¿por qué te llamas estúpidamente Sandra?

Sandra ojos de cordero degollado Sandra catedralicia

Sandra Santa Capilla Sandra Nuestra Señora

Sandra diabla y demonia sandrísima

que nunca me miró de frente que nunca me dijo buenas tardes

—lo que yo hubiera querido era un buenas noches—,

Sandra fugaz heroína de un poema fugaz

como el paso de una azucena por el palacio de algo así como un
poeta.

21 de diciembre de 1966

571
Nicanor Parra

Nicanor Parra

Hay Un Día Feliz

A recorrer me dediqué esta tarde
Las solitarias calles de mi aldea
Acompañado por el buen crepúsculo
Que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
Y su difusa lámpara de niebla,
Sólo que el tiempo lo ha invadido todo
Con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
Volver a ver esta querida tierra,
Pero ahora que he vuelto no comprendo
Cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
Ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
En la torre más alta de la iglesia;
El caracol en el jardín, y el musgo
En las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, éste es el reino
Del cielo azul y de las hojas secas
En donde todo y cada cosa tiene
Su singular y plácida leyenda:
Hasta en la propia sombra reconozco
La mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
Que presenció mi juventud primera,
El correo en la esquina de la plaza
Y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío!; nunca sabe
Uno apreciar la dicha verdadera,
Cuando la imaginamos más lejana
Es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
Que la vida no es más que una quimera;
Una ilusión, un sueño sin orillas,
Una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
La emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
Cuando emprendí mi singular empresa,
Una tras otra, en oleaje mudo,
Al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
Y cuando estuve frente a la arboleda
Que alimenta el oído del viajero
Con su inefable música secreta
Recordé el mar y enumeré las hojas
En homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
Como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
Me detuve delante de una tienda:
El olor del café siempre es el mismo,
Siempre la misma luna en mi cabeza;
Entre el río de entonces y el de ahora
No distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, éste es el árbol
Que mi padre plantó frente a la puerta
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
Fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
Era un trasunto fiel de la Edad Media
Cuando el perro dormía dulcemente
Bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
El delicado olor de las violetas
Que mi amorosa madre cultivaba
Para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
No podría decirlo con certeza;
Todo está igual, seguramente,
El vino y el ruiseñor encima de la mesa,
Mis hermanos menores a esta hora
Deben venir de vuelta de la escuela:
¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
Como una blanca tempestad de arena!
1.070
Ramón López Velarde

Ramón López Velarde

Me Despierta Una Alondra

ME DESPIERTA UNA ALONDRA


A José Juan Tablada.


Hasta el ángulo en sombra en que, al soñar los leves

sueños de la mañana,

funjo interinamente de árabe sin hurí,

llega la dulce voz de una dulce paisana.

La alondra me despierta

con un tímido ensayo de canción balbuciente

y un titubeo de sol en el ala inexperta.

¡Gracias, Padre del día,

oh buen Pastor de estrellas cantando por Banville!

Gracias por el saludo en que esta embajadora

del alba, me ha traído un mensaje de abril;

gracias porque el temblor de su canto se funde

con las madrugadoras esquilas de mi tierra,

y porque el sol que tiembla en sus alas no es otro

que el que baña la casa en que nací, y el valle

azul, y la azul sierra.

¡Gracias porque en el trino

de la alondra, me llega,

por primer don del día, este don femenino!


478
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Del Dulce Fuego Que En El Pecho Me Arde

Del dulce fuego que en el pecho me arde
no sé cómo decir que estoy quejoso,
ni en medio del ardor fiero, rabioso,
sé de quién fíe, ni de quién me guarde.

Contra la ley de Amor soy tan cobarde
que aun el mismo dolor pedir no oso
tanto tiempo de venia y de reposo
que me pueda quejar, aunque es ya tarde.

Pero si a dicha alcanzo tanta suerte
que la turbación pierda del sentido,
y al corazón torna el valor usado,

aún espero, señora, que el sonido
del triste lamentar podrá moverte
a piedad de haberme maltratado.
401
Mario Benedetti

Mario Benedetti

Hasta Mañana

Voy a cerrar los ojos en voz baja
voy a meterme a tientas en el sueño.
En este instante el odio no trabaja
para la muerte que es su pobre dueño
la voluntad suspende su latido
y yo me siento lejos, tan pequeño

que a Dios invoco, pero no le pido
nada, con tal de compartir apenas
este universo que hemos conseguido

por las malas y a veces por las buenas.
¿Por qué el mundo soñado no es el mismo
que este mundo de muerte a manos llenas?

Mi pesadilla es siempre el optimismo:
me duermo débil, sueño que soy fuerte,
pero el futuro aguarda. Es un abismo.

No me lo digan cuando me despierte.
1.009
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Canción De La Doncella Del Alba

CANCIÓN DE LA DONCELLA DEL ALBA


Para Thelma

Se mete piel adentro

como paloma ciega,

como ciega paloma

cielo adentro.


Mar adentro en la sangre,

adentro de la piel.

Perfumada marea,

veneno y sangre.


Aguja de cristal

en la boca salada.

Marea de piel y sangre,

marea de sal.


Vaso de amarga miel:

sueño dorado,

sueño adentro

de la cegada piel.


Entra a paso despacio,

dormida danza;

entra debajo un ala,

danza despacio.


Domina mi silencio

la voz del alba.

Domíname, doncella,

con tu silencio.


Tómame de la mano,

llévame adentro

de tu callada espuma,

ola en la mano.


Silencio adentro sueño

con lentas pieles,

con labios tan heridos

como mi sueño.


Voy vengo en la ola,

coral y ola,

canto canción de arena

sobre la ola.


Oh doncella de paz,

estatua de mi piel,

llévame de la mano

hacia tu paz.


Búscame piel adentro

anidado en tu axila,

búscame allí,

amor adentro.


Pues entras, fiel paloma,

pisando plumas

como desnuda nube,

nube o paloma.


Debo estar vivo, amor,

para saberte toda,

para beberte toda

en un vaso de amor.


Alerta estoy, doncella

del alba; alerta

al sonoro cristal

de tu origen, doncella.

2 de octubre de 1963

600