Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Para mí, la religión judía, como todas las demás, es la encarnación de la superstición más infantil. Y el pueblo judío, al que pertenezco con alegría y con cuya forma de pensar comparto una gran afinidad, tiene para mí cualidades que no se diferencian de todos los demás pueblos. Según mi experiencia, no son mejores que otros grupos [étnicos], aunque están protegidos de los peores desastres por la ausencia de poder. Por lo demás, no puedo discernir nada «elegido» en él.
Los judíos alemanes son realmente terribles al volver a Alemania. Incluso Martin Buber regresó a Alemania y permitió que lo honraran con un premio Goethe [otorgado en 1951]. Esa gente es tan presuntuosa… Los he dejado de lado y les he dado una patada en el trasero.
Para que el joven estado pueda lograr una independencia verdadera, y conservarla, el país debe producir un grupo de intelectuales y expertos.
Los israelíes deberían haber escogido como su lengua el inglés en lugar del hebreo. Eso habría sido mucho mejor, pero son demasiado fanáticos.
Los judíos son un grupo de personas con una historia común y con ciertas tradiciones, además de las religiosas. Están unidos por intereses comunes creados y mantenidos por el mundo exterior a través de una actitud en gran parte antagónica llamada prejuicio.
También se me ocurre que se podría plantear una situación difícil si el gobierno o el parlamento tomasen decisiones que entraran en conflicto con mi conciencia; el hecho de que uno no tenga influencia real en el curso de los acontecimientos no lo libera de la responsabilidad moral. También estoy convencido de que no haría un buen servicio a la causa si aceptara esta honorable y tentadora llamada al deber.
Ha sido mucho menos culpa nuestra o de nuestros vecinos que de la Potencia del Mandato que no hayamos logrado una Palestina sin dividir en la que judíos y árabes pudieran vivir como iguales, libres y en paz. Si una nación domina otras naciones, como era el caso en el Mandato Británico sobre Palestina, resulta bastante difícil que pueda evitar la famosa máxima de divide et impera .
El apoyo a la vida cultural es la principal preocupación del pueblo judío. No existiríamos en la actualidad como pueblo sin esta ansia continuada de aprender.
Debo tener mucho cuidado para no hacer nada idiota ni escribir ningún libro alocado para estar a la altura de dicha distinción. Estoy orgulloso del honor, no por mí mismo, sino porque soy judío. Desde luego, se demuestra un progreso cuando una iglesia cristiana honra a un científico judío.
Los judíos de Palestina no luchan por la independencia política en su propio interés, sino que luchan para conseguir la libertad de emigración de los judíos de muchos países donde su existencia está en peligro; libertad de emigración también para aquellos que ansían una vida entre los suyos. No resulta exagerado decir que luchan para hacer posible un sacrificio que quizá sea único en la historia.
La universidad es en la actualidad un ser vivo, un hogar para la libertad de aprender y enseñar, y un trabajo académico feliz. Se encuentra en el suelo que nuestro pueblo ha liberado tras muchas dificultades; es un centro espiritual de una comunidad floreciente y en crecimiento cuyos logros han alcanzado finalmente el reconocimiento universal que merecen.
La sabiduría y la moderación que han demostrado los líderes del nuevo estado me dan confianza para que se vayan estableciendo gradualmente unas relaciones con los árabes basadas en la cooperación fructífera y el respeto y la confianza mutuos. Porque este es el único medio para que los dos pueblos puedan obtener una verdadera independencia del mundo exterior.
Los aprietos de las víctimas supervivientes de la persecución alemana son prueba de hasta qué punto se ha debilitado la conciencia moral de la humanidad. La reunión de hoy demuestra que no todos los hombres están preparados para aceptar el horror en silencio.
También creo que en estos últimos años ya no era posible un acuerdo entre nosotros y los árabes que pudiera conducir a una solución de dos estados. En el pasado –esencialmente desde 1918– hemos ignorado a los árabes y los hemos confiado repetidas veces a los ingleses. Nunca he defendido la idea de que sea deseable un estado [judío], por razones cívicas, políticas y militares. Pero ahora no hay vuelta atrás y hay que gestionar [la situación].
Hemos conseguido ganancias irresponsables e injustas en Palestina bajo la influencia de demagogos y antiguos fanfarrones. […] Estamos imitando a los goyim en su nacionalismo y racismo idiotas.
En las condiciones actuales, nuestros jóvenes talentos científicos con frecuencia no tienen acceso a profesiones académicas, lo que significa que nuestra tradición más orgullosa –el aprecio por el trabajo productivo– se enfrenta a una lenta extinción si permanecemos tan inactivos en este campo como en el pasado.
Los animales sin alas procuran no cambiar su hábitat a menos que surja la necesidad. De ello se deduce que los grupos bien establecidos deben buscar el entorno más adecuado cuando no se opone ningún obstáculo.
El sionismo no ha proporcionado ninguna protección a los judíos alemanes contra su aniquilación. Pero da a los supervivientes la fuerza interior para soportar la debacle con dignidad y sin perder una saludable autoestima.
Si tuviéramos poder sería aún peor. Imitamos el nacionalismo estúpido y la sandez racial de los goyim a pesar de pasar por una escuela de sufrimiento sin igual.
Las dificultades entre judíos y árabes se han creado artificialmente, y las han creado los ingleses.
Nunca he estado a favor de un estado. La idea de un estado [judío] no se ajusta a los deseos de mi corazón. No consigo entender por qué es necesario. Está conectado con muchas dificultades y estrecheces de mira. Creo que es malo.
La iniciativa de asentar a 30.000 huérfanos de guerra judíos en Birobidjan y asegurar para ellos […] un futuro satisfactorio y feliz es una nueva prueba de la actitud humana de Rusia hacia el pueblo judío.
La causa para el hecho de que los judíos somos un «pueblo separado» no es sólo que tenemos el deseo de situarnos aparte, sino que somos tratados y perseguidos como un pueblo separado.
El pueblo judío está unido no sólo a través de una religión común, sino también a través de peligros comunes y problemas comunes de naturaleza política y social.
En el pasado fuimos perseguidos a pesar de ser el pueblo de la Biblia; en cambio, en la actualidad lo somos precisamente por ser el pueblo del Libro.
No me gusta nada el nacionalismo, ni siquiera el nacionalismo judío. Pero nuestra solidaridad nacional está provocada por un mundo hostil y no por los sentimientos agresivos que relacionamos con la palabra.
El lazo que ha unido a los judíos durante miles de años y que los une en la actualidad es, sobre todo, el ideal democrático de justicia social, junto con la idea de la ayuda mutua y la tolerancia entre los hombres. […] La segunda característica de la tradición judía es la alta estima que tiene por todas las formas de aspiración intelectual y esfuerzo espiritual.
El judío que abandona su fe (en el sentido formal de la palabra) se encuentra en una situación similar a la del caracol que abandona su caparazón. Sigue siendo judío.
Los judíos como grupo es posible que carezcan de poder, pero la suma de los logros de sus miembros individuales es considerable y clarificadora, aunque dichos logros se hayan conseguido frente a grandes obstáculos.
[Los nazis] ven a los judíos como elementos inadmisibles a los que no se puede obligar a una sumisión acrítica y que […] amenazan su autoridad a causa de su insistencia en la educación popular de las masas.
Después de todo, ser judío significa, en primer lugar, conocer y seguir en la práctica los fundamentos de la humanidad que se expresan en la Biblia: fundamentos sin los que no puede existir una comunidad sensata y feliz.
El judaísmo tiene una gran deuda de gratitud con el sionismo. El movimiento sionista ha revivido entre los judíos un sentimiento de comunidad. Ha realizado un trabajo productivo […] en Palestina, al que han contribuido judíos sacrificados de todo el mundo. […] En particular, ha sido posible conducir a una parte considerable de la juventud hacia una vida de trabajo alegre y creativo.
La superficialidad materialista es una amenaza mucho mayor para la supervivencia del judío que los numerosos enemigos externos que amenazan su existencia con la violencia.
No existen los judíos alemanes, ni los judíos rusos, ni los judíos americanos. Su única diferencia es la lengua cotidiana. De hecho, sólo son judíos.
Todos sabemos que el pueblo judío ha sobrevivido durante 2.000 años de enormes dificultades porque ha considerado que una tradición de amor por lo moral y espiritual era su mayor posesión.
Palestina será un centro de cultura para todos los judíos, un refugio para los más oprimidos, un campo de acción para los mejores entre nosotros, un ideal unificador, y un medio para mejorar la salud interna de los judíos de todo el mundo.
En esta época de persecución de los judíos alemanes resulta especialmente adecuado recordar al mundo occidental que le debe al pueblo judío (a) su religión y con ello sus ideales morales más valiosos, y (b), en gran parte, la resurrección del mundo del pensamiento griego.
En la actualidad, los judíos de Alemania encuentran su mayor consuelo en la idea de todo lo que han producido y conseguido para la humanidad con sus esfuerzos, también en la época moderna; y ninguna opresión, por brutal que sea, ninguna campaña de calumnias, por sutil que sea, cegará a los que tengan ojos para ver las cualidades intelectuales y morales inherentes a este pueblo.
La búsqueda del conocimiento por sí mismo, un amor casi fanático por la justicia y el deseo de independencia personal son los rasgos de la tradición judía que hacen que le agradezca a mi buena estrella mi pertenencia a ella.
Los judíos se parecen a un gas noble imposible de condensar, que sólo puede asumir una forma sustancial de existencia adhiriéndose a un objeto sólido. Esto también se me puede aplicar a mí. Pero es posible que nuestra capacidad de actuar y persistir radique precisamente en esta inercia química.
Me parece que el judaísmo se ocupa sobre todo de la actitud moral en la vida y ante la vida. […] La esencia de dicha concepción me parece que radica en una actitud positiva hacia la vida de toda la creación.
Considero la formación de sindicatos […] necesaria para Palestina. Para la clase obrera no se trata sólo del verdadero espíritu del trabajo de construcción, sino que es el único puente verdaderamente efectivo entre judíos y árabes.
Mediante los métodos modernos de reconstrucción, Palestina ofrece un espacio amplio tanto para judíos como para árabes, que pueden vivir juntos en paz y armonía en un país común. Creo que los fracasos del último año deben reforzar en nuestro interior el reconocimiento de nuestro deber para mejorar, a través de la paciencia y del esfuerzo continuo, nuestras relaciones con el pueblo árabe y para convencerlos de las ventajas que el sionismo representa para ellos.
[La] unidad de los judíos de todo el mundo no es de ninguna manera una unidad política y nunca deberá serlo. Se asienta exclusivamente en una tradición moral. Sólo a partir de ella puede mantener el pueblo judío su poder creativo, y sólo en ella puede fundamentar la razón para su existencia.
La religión judía es […] una manera de sublimar la existencia diaria. […] No exige ningún acto de fe –en el sentido popular del término– por parte de sus miembros. Y por esa razón nunca ha existido ningún conflicto entre nuestra expresión religiosa y la expresión mundana de la ciencia.
Imbuido en la tradición del pueblo judío se encuentra un amor a la justicia y a la razón que ahora y en el futuro debe seguir trabajando por el bien de todas las naciones.
Si somos incapaces de encontrar una manera honesta de colaborar y pactar con los árabes es que no hemos aprendido absolutamente nada de nuestros 2.000 años de sufrimientos y nos mereceremos nuestro destino.
Los judíos han demostrado a lo largo de la historia que el intelecto es la mejor arma. […] Es nuestro deber como judíos poner a disposición del mundo nuestra triste experiencia de varios miles de años y, fieles a la tradición ética de nuestros ancestros, convertirnos en soldados en la lucha por la paz, unidos a los elementos más nobles de todos los círculos culturales y religiosos.