Citas
Citas para inspirar y reflexionar
El éxito no exige explicación. El fracaso no tiene excusa.
Está bien celebrar el éxito, pero es más importante tener en cuenta las lecciones del fracaso.
El secreto del éxito en los negocios está en detectar hacia dónde va el mundo y llegar ahí primero.
El éxito no transforma a las personas. Sólo las desenmascara.
Al no prepararse, se está preparando para fracasar.
El fracaso es sólo la oportunidad de comenzar de nuevo de forma más inteligente.
El secreto del éxito consiste, antes que nada, en estar alerta.
En lugar de ser un hombre de éxito, intenta ser un hombre de valor: lo demás llegará naturalmente.
El fracaso es un despeñadero al que hay que mirar a la cara.
Nada consigue tantos triunfos como el éxito.
Son muchas las manos y los corazones que contribuyen al éxito de una persona.
Cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender.
Pobre hombre: quedó totalmente ileso tras el fracaso.
Nuestra mayor gloria no se basa en no haber fracasado nunca, sino en habernos levantado cada vez que caímos.
Ganar sin riesgo es un triunfo sin gloria.
Nadie está a salvo de las derrotas. Pero es mejor perder algunos combates en la lucha por nuestros sueños, que ser derrotado sin saber siquiera por qué se está luchando.
El éxito es la habilidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo.
Hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria.
El éxito significa hacer lo que realmente le gusta a uno y hacerlo bien. Es tan simple como eso. Nunca he conocido a nadie que haga eso y que no se sienta exitoso.
El hecho de triunfar no consiste en vencer siempre, sino en nunca caer en el desánimo.
Pensamiento de vencidos, pensamiento vencido.
El ochenta por ciento del éxito consiste en estar allí.
Sólo los sinvergüenzas están seguros de su éxito. Por eso lo tienen.
Aun cuando todos los expertos coincidan, éstos pueden muy bien estar equivocados.
En materia de negocios, nada hay efectivo mientras no están terminados.
Es muy difícil someter a la obediencia a aquel que no busca mandar.
Recientemente, leí un titular en una revista de negocios que decía: «No le enseñamos a nuestros empleados a ser amables. Simplemente contratamos gente amable». ¡Vaya! Qué forma tan inteligente de pensar.
Si encomiendas a un hombre más de lo que puede hacer, lo hará; si sólo le encomiendas lo que puede hacer, no hará nada.
Un hombre inteligente es aquel que sabe ser tan inteligente como para contratar gente más inteligente que él.
No puedo ir a preguntarles a los consumidores qué es lo que desean, porque durante el tiempo que esté desarrollándolo ellos van a desear algo nuevo.
No quiero a ningún «sí señor» a mi alrededor. Quiero que todos me digan la verdad aunque eso les cueste el trabajo.
Con los negocios sucede lo mismo que con el baile: es indispensable que las personas bailen al compás.
El hombre más inútil es el que no sabe mandar ni obedecer.
Las reuniones son indispensables cuando lo que se pretende es no conseguir nada.
Nuestra mayor fuente de conocimiento son nuestros clientes más insatisfechos.
Maneja tu negocio o él te manejará a ti.
El ojo del amo hace más trabajo que sus dos manos.
Por el taller es por donde debe financiarse una empresa industrial y no por el banco.
Si le hubiera preguntado a la gente qué querían, me habrían dicho que un caballo más rápido.
La pregunta «¿quién debe ser el jefe?» es como aquella otra: «¿Quién debe ser el tenor en el cuarteto?». Obviamente, el que tenga voz de tenor.
Llegar juntos es el principio; mantenerse juntos es el progreso; trabajar juntos es el éxito.
El secreto de mi éxito está en pagar como si fuera pródigo y vender como si estuviera en quiebra.
Es lo mismo para mí que un hombre proceda de Sing Sing que de Harvard. Yo contrato a un hombre, no su historia.
Únicamente la obediencia tiene derecho al mando.
Ningún miembro de la tripulación es alabado por la vigorosa individualidad de su remada.
El resultado de un buen negocio es un cliente satisfecho.
Segundo de a bordo: un hombre que cada mañana nos pregunta cómo nos encontramos y se siente muy frustrado si le decimos que bien.
Si usted se encuentra en un bote que hace agua de forma crónica, la energía que dedique en cambiar el barco probablemente será más productiva que la energía que dedique a tapar los agujeros.