Citas
Citas para inspirar y reflexionar
A todo hombre que ha llegado alto le gusta pensar que lo ha conseguido todo por sí solo; y la mujer sonríe y lo deja pasar. Es nuestro chiste privado. Toda mujer lo sabe.
El sexo en el matrimonio es como las medicinas. Tres veces al día la primera semana. Luego una vez al día durante otra semana. Luego una vez cada tres o cuatro días y así hasta que las condiciones mejoran.
El amor aconseja interrumpir en la cama los ejercicios espirituales.
No importa gran cosa con quién vas a casarte, puesto que a la mañana siguiente verás que te has casado con alguien muy diferente.
Todo hombre enamorado es un loco de atar que no está atado.
Te morías por él, pero es lo cierto que pasó tiempo y tiempo y no te has muerto.
La mayoría de los padres no se preocupan de una hija hasta que deja de aparecer en el desayuno. Entonces es demasiado tarde.
La peor forma de perder aliento en balde, aparte de tocar el saxofón, es dar consejos a un hijo.
El valor del matrimonio no reside en que los adultos hagan niños, sino en que los niños hagan adultos.
Mi madre tuvo doce hijos y la pusimos en un pedestal... para que mi padre no pudiera alcanzarla.
Es bastante difícil ser eficiente sin resultar molesto.
Todos los hechos de la vida social y hasta los de los sentimientos pueden encasillarse en estas dos célebres palabras: oferta y demanda.
Dios no ayuda al cobarde.
Sólo la actividad orientada hacia un determinado fin hace soportable la vida.
Empieza por hacer lo necesario, luego lo que es posible, y de pronto te encontrarás haciendo lo imposible.
Me puedo caer, me puedo herir, puedo quebrarme, pero con eso no desaparecerá mi fuerza de voluntad. Detrás de cada logro hay otro desafío.
Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá.
La buena voluntad encuentra siempre el modelo y la oportunidad.
Lo mismo da la victoria que hacer gloriosa la derrota.
El fruto de la suerte sólo cae cuando está maduro.
Un hombre recorre el mundo en busca de lo que necesita y vuelve a casa para encontrarlo.
La vida es un combate que hay que convertir en una fiesta.
La vida es magnífica en tanto nos consume.
¡No olvidéis un instante / que es quedarse atrás no ir adelante!
¡Maldito mal el mío! / Si puedes, huye de él: se llama hastío.
¿Por qué el tipo que dice: «Yo no sé hacer discursos» no lo deja estar en vez de tratar de hacer una demostración?
Calumniad, calumniad: algo siempre quedará.
Serás doblemente desgraciado si no sabes sobrellevar tu desgracia.
Hay un tipo de ignorantes, fruto de los tiempos, que defienden su ignorancia con razonamientos; son ignorantes sistemáticos.
La lámpara del genio tiene menos aceite que la lámpara de la vida.
En materia de ingratas e ingratos venimos a salir tantas a tantos.
El hombre es más razonador que razonable.
Todas las almas fuertes pertenecen a una misma familia.
Todas las demás cosas deben; el hombre es el ser que quiere.
El amor propio es el peor de los aduladores.
La adulación es una moneda falsa que tiene curso gracias solo a nuestra vanidad.
A los puros todas las cosas les parecen puras.
Es necesario tener tanta discreción para dar consejos como docilidad para recibirlos.
Hablamos muy poco, excepto cuando la vanidad nos hace hablar.
Hermanos, no temáis al pecado de los hombres; amad al hombre aún en su pecado, pues un tal amor aseméjase a Dios.
Nuestra envidia dura siempre mas que la dicha de aquellos que envidiamos.
Hay poca gente lo bastante cuerda que prefiera la censura provechosa a la alabanza traidora.
Aunque los hombres se vanaglorian de sus grandes obras, frecuentemente no son estas el resultado de un noble proposito, sino efecto del azar.
La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad.
Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen.
No son buenos los extremos aunque sea en la virtud.
La mayoría de las personas adquiere la conciencia donde se acaban sus privilegios.
Nuestra venganza será el perdón.