Oscar Acosta

Oscar Acosta

1933–2014 · vivió 81 años HN HN

Oscar Acosta fue un poeta y diplomático paraguayo, cuya obra se enmarca dentro de la poesía social y de reflexión sobre la realidad de su país y de América Latina. Su poesía se caracteriza por un lenguaje directo, a menudo desgarrado, que busca dar voz a los oprimidos y denunciar las injusticias. Con una profunda vocación social y un fuerte compromiso político, Acosta exploró en sus versos las temáticas de la opresión, la lucha por la libertad, la dignidad humana y la identidad latinoamericana. Su obra, marcada por una intensidad emocional y un tono de denuncia, lo consagra como una voz importante de la poesía comprometida de su generación.

n. 1933-04-14, Tegucigalpa · m. 2014-07-15, Tegucigalpa

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El nombre de mi patria

Mi patria es altísima.
No puedo escribir una letra sin oír
el viento que viene de su nombre.
Su forma irregular la hace más bella
porque dan deseos de formarla, de hacerla
como a un niño a quien se enseña a hablar,
a decir palabras tiernas y verdaderas,
a quien se le muestran los peligros del mundo.

Mi patria es altísima.
Por eso digo que su nombre se descompone
en millones de cosas para recordármela.
Lo he oído sonar en los caracoles incesantes.
Venía en los caballos y en los fuegos
que mis ojos han visto y admirado.
Lo traían las muchachas hermosas en la voz
y en una guitarra.

Mi patria es altísima.
No puedo imaginármela bajo el mar
o escondiéndose bajo su propia sombra.
Por eso digo que más allá del hombre,
del amor que nos dan en cucharadas,
de la presencia viva del cadáver,
está ardiendo el nombre de la patria.
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Poemas

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El nombre de mi patria

Mi patria es altísima.
No puedo escribir una letra sin oír
el viento que viene de su nombre.
Su forma irregular la hace más bella
porque dan deseos de formarla, de hacerla
como a un niño a quien se enseña a hablar,
a decir palabras tiernas y verdaderas,
a quien se le muestran los peligros del mundo.

Mi patria es altísima.
Por eso digo que su nombre se descompone
en millones de cosas para recordármela.
Lo he oído sonar en los caracoles incesantes.
Venía en los caballos y en los fuegos
que mis ojos han visto y admirado.
Lo traían las muchachas hermosas en la voz
y en una guitarra.

Mi patria es altísima.
No puedo imaginármela bajo el mar
o escondiéndose bajo su propia sombra.
Por eso digo que más allá del hombre,
del amor que nos dan en cucharadas,
de la presencia viva del cadáver,
está ardiendo el nombre de la patria.
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