Guillermo Valencia

Guillermo Valencia

Guillermo Valencia fue un poeta, político y diplomático colombiano, reconocido como una de las figuras más importantes del Modernismo en Hispanoamérica. Su poesía se caracteriza por la perfección formal, la musicalidad y la búsqueda de la belleza clásica, a menudo inspirada en temas grecolatinos y mitológicos. Valencia fue también un destacado intelectual público, desempeñando roles importantes en la política y la diplomacia de su país, lo que se refleja en la amplitud de su visión y en su compromiso cívico.

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A La Memoria De Josefina

De lo que fue un amor, una dulzura
sin par, hecha de ensueño y de alegría,
sólo ha quedado la ceniza fría
que retiene esta pálida envoltura.
La orquídea de fantástica hermosura,
la mariposa en su policromía
rindieron su fragancia y gallardía
al hado que fijó mi desventura.
Sobre el olvido mi recuerdo impera;
de su sepulcro mi dolor la arranca;
mi fe la cita, mi pasión la espera,
y la vuelvo a la luz, con esa franca
sonrisa matinal de primavera:
¡Noble, modesta, cariñosa y blanca!
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Biografía

Identificación y contexto básico

Guillermo León Valencia Aristizábal fue un poeta, político y diplomático colombiano, nacido en Popayán. Es una figura prominente del movimiento Modernista en la literatura hispanoamericana. Escribió principalmente en español. Su vida transcurrió en un periodo de importantes transformaciones políticas y sociales en Colombia y en Hispanoamérica, marcado por los debates sobre la identidad nacional y la influencia de las corrientes estéticas europeas.

Infancia y formación

Nacido en una familia de gran tradición política y social en el Cauca, su infancia estuvo marcada por un entorno de cultura y refinamiento. Realizó sus estudios en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús y luego en la Universidad del Cauca, donde estudió derecho. Su formación intelectual se nutrió de lecturas clásicas y de las obras de los poetas que conformaban la vanguardia literaria de su tiempo.

Trayectoria literaria

Su vocación poética se manifestó tempranamente. Se le considera uno de los precursores y máximos exponentes del Modernismo en Colombia. Además de su labor poética, se desempeñó como diplomático en Europa y América, y tuvo una destacada carrera política, llegando a ser Presidente de Colombia entre 1962 y 1966. Su obra poética se desarrolló a lo largo de varias décadas, mostrando una evolución hacia una mayor profundidad y una constante búsqueda de la perfección formal.

Obra, estilo y características literarias

Su obra poética más representativa incluye "Mietas" (1898), "Canciones de vida y ensueño" (1905) y "Por el honor y por el sol" (1914). Su estilo se caracteriza por la estrofa clásica, la métrica rigurosa, la musicalidad y la búsqueda de la belleza formal. Aborda temas como el amor, la naturaleza, la mitología clásica, la patria y la reflexión existencial. Su lenguaje es elegante, culto y evocador, con un uso refinado de los recursos poéticos.

Contexto cultural e histórico

Valencia vivió la efervescencia del Modernismo, un movimiento que buscaba la renovación estética y temática en la literatura hispanoamericana, inspirándose en el Parnasianismo y el Simbolismo franceses. Participó activamente en la vida política de Colombia, siendo testigo y protagonista de importantes eventos históricos, como la Guerra de los Mil Días y la separación de Panamá. Su figura representó la síntesis entre la élite intelectual y el compromiso político.

Vida personal

Su vida estuvo ligada a Popayán, su ciudad natal, y a la actividad política y diplomática que lo llevó a recorrer el mundo. Contrajo matrimonio con Ana Cristina Restrepo, quien fue un apoyo importante en su vida. Su trayectoria pública y su compromiso con Colombia marcaron profundamente su existencia.

Reconocimiento y recepción

Fue reconocido en vida como uno de los grandes poetas de su tiempo, tanto en Colombia como en el resto de Hispanoamérica. Su obra fue elogiada por su calidad estética y su rigor formal. Su elección como Presidente de Colombia demostró el alto grado de prestigio y reconocimiento que alcanzó en la esfera pública.

Influencias y legado

Fue influenciado por poetas como Rubén Darío, los parnasianos franceses y los clásicos grecolatinos. Su obra, a su vez, influyó en generaciones posteriores de poetas colombianos y latinoamericanos, consolidando la tradición modernista y la importancia de la forma en la poesía.

Interpretación y análisis crítico

Su poesía ha sido valorada por su profunda musicalidad, su perfección formal y la elegancia de su lenguaje. Se le ha estudiado como un representante del "modernismo puro", alejado de las preocupaciones sociales más directas que caracterizaron a otros autores del movimiento, aunque su vida pública demostró un gran compromiso cívico.

Infancia y formación

Además de su faceta de poeta y estadista, Valencia fue un apasionado de la numismática y la filatelia. Su discurso político estuvo a menudo impregnado de un tono poético y elevado, reflejo de su sensibilidad artística.

Muerte y memoria

Falleció en su ciudad natal, Popayán. Su legado perdura como uno de los pilares de la literatura colombiana y como un referente del Modernismo en Hispanoamérica. La Universidad Guillermo León Valencia en Popayán lleva su nombre en su honor.

Poemas

4

A La Memoria De Josefina

De lo que fue un amor, una dulzura
sin par, hecha de ensueño y de alegría,
sólo ha quedado la ceniza fría
que retiene esta pálida envoltura.
La orquídea de fantástica hermosura,
la mariposa en su policromía
rindieron su fragancia y gallardía
al hado que fijó mi desventura.
Sobre el olvido mi recuerdo impera;
de su sepulcro mi dolor la arranca;
mi fe la cita, mi pasión la espera,
y la vuelvo a la luz, con esa franca
sonrisa matinal de primavera:
¡Noble, modesta, cariñosa y blanca!
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Hay Un Instante

Hay un instante del crepúsculo
en que las cosas brillan más,
fugaz momento palpitante
de una morosa intensidad.

Se aterciopelan los ramajes,
pulen las torres su perfil,
burila un ave su silueta
sobre el plafondo de zafir.

Muda la tarde, se concentra
para el olvido de la luz,
y la penetra un don süave
de melancólica quietud,

como si el orbe recogiese
todo su bien y su beldad,
toda su fe, toda su gracia
contra la sombra que vendrá...

Mi ser florece en esa hora
de misterioso florecer;
llevo un crepúsculo en el alma,
de ensoñadora placidez;

en él revientan los renuevos
de la ilusión primaveral,
y en él me embriago con aromas
de algún jardín que hay ¡más allá!...
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Leyendo A Silva

Vestía traje suelto de recamado biso
en voluptuosos pliegues de un color indeciso,
y en el diván tendida, de rojo terciopelo,
sus manos, como vivas parásitas de hielo,

sostenían un libro de corte fino y largo,
un libro de poemas delicioso y amargo.
De aquellos dedos pálidos la tibia yema blanda
rozaba tenuemente con el papel de Holanda

por cuyas blancas hojas vagaron los pinceles
de los más refinados discípulos de Apeles:
era un lindo manojo que en sus claros lucía
los sueños más audaces de la Crisografía:

sus cuerpos de serpiente dilatan las mayúsculas
que desde el ancho margen acechan las minúsculas,
o trazan por los bordes caminos plateados
los lentos caracoles, babosos y cansados.

Para el poema heroico se veía allí la espada
con un león por puño y contera labrada,
donde evocó las formas del ciclo legendario
con sus torres y grifos un pincel lapidario.

Allí la dama gótica de rectilínea cara
partida por las rejas de la viñeta rara;
allí las hadas tristes de la pasión excelsa:
la férvida Eloísa, la suspirada Elsa.

Allí los metros raros de musicales timbres:
ya móviles y largos como jugosos mimbres,
ya diáfanos, que visten la idea levemente
como las albas guijas un río trasparente.

Allí la vida llora y la muerte sonríe
y el tedio, como un ácido, corazones deslíe...
Allí, cual casto grupo de núbiles Citeres,
cruzaban en silencio figuras de mujeres

que vivieron sus vidas, invioladas y solas
como la espuma virgen que circunda las olas:
la rusa de ojos cálidos y de bruno cabello,
pasó con sus pinceles de marta y de camello,

la que robó al piano en las veladas frías
parejas voladoras de blancas armonías
que fueron por los vientos perdiéndose una a una
mientras, envuelta en sombras, se atristaba la luna...

Aquesa, el pie desnudo, gira como una sombra
que sin hacer ruido pisara por la alfombra
de un templo... y como el ave que ciega el astro diurno
con miradas nictálopes ilumina el Nocturno

do al fatigado beso de las vibrantes clines
un aire triste y vago preludian dos violines...
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Los Camellos

LOS CAMELLOS

Lo triste es así...
Peter Altenberg

Dos lánguidos camellos, de elásticas cervices,

de verdes ojos claros y piel sedosa y rubia,

los cuellos recogidos, hinchadas las narices,

a grandes pasos miden un arenal de Nubia.

Alzaron la cabeza para orientarse, y luego

el soñoliento avance de sus vellosas piernas

—bajo el rojizo dombo de aquel cénit de fuego—

pararon silenciosos, al pie de las cisternas...

Un lustro apenas cargan bajo el azul magnífico,

y ya sus ojos quema la fiebre del tormento;

tal vez leyeron, sabios, borroso jeroglífico

perdido entre las ruinas de infausto monumento.

Vagando taciturnos por la dormida alfombra,

cuando cierra los ojos el moribundo día,

bajo la virgen negra que los llevó en la sombra,

copiaron el desfile de la Melancolía...

Son hijos del desierto: prestóles la palmera

un largo cuello móvil que sus vaivenes finge,

y en sus marchitos rostros que esculpe la Quimera

¡sopló cansancio eterno la boca de la Esfinge!

Dijeron las Pirámides que el viejo sol rescalda:

«Amamos la fatiga con inquietud secreta...»

y vieron desde entonces correr sobre su espalda,

tallada en carne viva, su triangular silueta.

Los átomos de oro que el torbellino esparce

quisieron en sus giros ser grácil vestidura,

y unidos en collares por invisible engarce

vistieron del giboso la escuálida figura...

Todo el fastidio, toda la fiebre, toda el hambre,

la sed sin agua, el yermo sin hembras, los despojos

de caravanas... huesos en blanquecino enjambre...

todo en el cerco bulle de sus dolientes ojos.

Ni las sutiles mirras, ni las leonadas pieles,

ni las volubles palmas que riegan sombra amiga,

ni el ruido sonoro de claros cascabeles

alegran las miradas del rey de la fatiga.

¡Bebed dolor en ellas, flautistas de Bizancio,

que amáis pulir el dáctilo al son de las cadenas;

sólo esos ojos pueden deciros el cansancio

de un mundo que agonia sin sangre entre las venas!

¡Oh, artistas! ¡Oh, camellos de la llanura vasta

que vais llevando a cuestas el sacro monolito!

¡Tristes de esfinge! ¡Novios de la palmera casta!

¡Sólo calmáis vosotros la sed de lo infinito!

¿Qué pueden los ceñudos? ¿Qué logran
las melenas

de las zarpadas tribus cuando la sed oprime?

Sólo el poeta es lago sobre este mar de arenas,

sólo su arteria rota la Humanidad redime.

Se pierde ya a lo lejos la errante caravana

dejándome —camello que cabalgó el Excidio...—

¡Cómo buscar sus huellas al sol de la mañana,

entre las ondas grises del lóbrego fastidio!

¡No! Buscaré dos ojos que he visto, fuente pura

hoy a mi labio exhausta, y aguardaré paciente

hasta que suelta en hilos de mística dulzura

refresque las entrañas del lírico doliente.

Y si a mi lado cruza la sorda muchedumbre

mientras el vago fondo de esas pupilas miro,

dirá que vio un camello con onda pesadumbre

mirando, silencio, dos fuentes de zafiro.


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