Carlos Bousoño

Carlos Bousoño

1923–2015 · vivió 92 años -- --

Carlos Bousoño fue un destacado poeta y crítico literario español, una figura central en la poesía española de la posguerra y uno de los máximos conocedores de la obra de Juan Ramón Jiménez. Su obra poética, marcada por una profunda reflexión sobre el ser, el tiempo y la realidad, se caracteriza por su rigor formal, su lenguaje cuidado y su búsqueda constante de la verdad y la belleza. Como crítico, su análisis de la poesía contemporánea y su erudición lo consagraron como una autoridad indiscutible en el ámbito literario español.

n. 1923-05-09, Boal · m. 2015-10-24, Madrid

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Algo En Mi Sangre Espera Todavía

Algo en mi sangre espera todavía.
Algo en mi sangre en que tu voz aún suena.
Pero no. Inútilmente yo te llamo.
Aquella voz que te llamaba es ésta.

Ven hacia mí. Mis brazos crecen, huyen
donde los tuyos la mañana aquella.
Ven hacia mí. La tierra toda oscila,
se mueve, cruje. Vístete. Despierta.

Oh, qué encendida el alma
en su secreto puro, si vinieras.
Sin esperanza, entre la luz del día,
mi voz te llama.

El eco. La respuesta.
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Biografía

Identificación y contexto básico

Carlos Bousoño Prieto fue un poeta y crítico literario español. Nació y desarrolló gran parte de su vida profesional en España, siendo una figura clave en la literatura de posguerra.

Infancia y formación

Su infancia y juventud estuvieron marcadas por la Guerra Civil española, un contexto que sin duda influyó en su visión del mundo y en su posterior obra. Realizó estudios universitarios, donde adquirió una sólida formación humanística que sería fundamental para su carrera tanto como poeta como crítico.

Trayectoria literaria

Bousoño debutó en el panorama literario con una poesía de corte existencial y reflexivo. A lo largo de su carrera, evolucionó hacia un estilo más depurado y metafísico, siempre manteniendo un profundo rigor formal. Paralelamente a su labor poética, desarrolló una prolífica y reconocida carrera como crítico literario, especializándose en la poesía española del siglo XX, con especial atención a la obra de Juan Ramón Jiménez.

Obra, estilo y características literarias

Su obra poética principal incluye títulos como "Noche del Sentir" (1945), "Primavera de la Poesía" (1951) y "Subida al Cielo" (1955). La poesía de Bousoño se caracteriza por la reflexión profunda sobre temas como la existencia, el tiempo, la muerte, la belleza y la búsqueda de lo trascendente. Su estilo es depurado, medido y de gran rigor formal, empleando un lenguaje cuidado y preciso. El tono de su poesía suele ser elegíaco, contemplativo y de una honda espiritualidad. Se le asocia a la Generación del 50, aunque su obra trasciende las adscripciones generacionales por su originalidad y profundidad.

Contexto cultural e histórico

La obra de Bousoño se enmarca en la España de la posguerra, un periodo de censura y aislamiento cultural. Su generación de poetas buscó renovar la lírica española, a menudo desde una perspectiva introspectiva y de resistencia intelectual. Fue un estudioso y defensor de la obra de Juan Ramón Jiménez, una figura central en la lírica moderna española.

Vida personal

Su vida estuvo dedicada al estudio y la creación literaria. Su compromiso con la palabra y la reflexión sobre la condición humana fueron pilares de su existencia. Su labor académica y su dedicación a la crítica literaria ocuparon una parte importante de su vida profesional.

Reconocimiento y recepción

Carlos Bousoño gozó de un gran reconocimiento en vida tanto por su obra poética como por su labor crítica. Fue galardonado con importantes premios literarios y su figura fue consolidada como una de las más importantes de la poesía española contemporánea. Su obra ha sido objeto de estudio y análisis crítico, valorando su profundidad y su maestría formal.

Influencias y legado

Fue influenciado por la tradición poética española, especialmente por Juan Ramón Jiménez y la poesía del 98. Su legado reside en su rigurosa exploración poética de la existencia y en su fundamental labor como crítico literario, que ayudó a comprender y valorar la obra de muchos poetas españoles del siglo XX. Su influencia se extiende a generaciones de poetas y críticos que admiran su profundidad y su estilo.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Bousoño es objeto de análisis centrado en su profundidad metafísica, su exploración de la temporalidad y su búsqueda de la verdad a través de la poesía. Los críticos destacan la coherencia de su proyecto literario y la calidad de su verso.

Infancia y formación

Además de su obra poética y crítica, Bousoño fue un apasionado estudioso de la obra de Juan Ramón Jiménez, dedicándole numerosos trabajos y conferencias, contribuyendo significativamente a la difusión y comprensión de su legado.

Muerte y memoria

Su muerte dejó un vacío en la literatura española, pero su obra poética y crítica perdura como un testimonio de una de las voces más lúcidas y profundas de la poesía española del siglo XX.

Poemas

18

Celebración De Un Cumpleaños (homenaje A Octavio Paz)

Haber estado fuera de ti mismo, un viaje vertiginoso, y después
la quietud, pordiosero
de tu conciencia, eremita
en el yermo de la inacción, creyendo
solamente en el cardo, en la excesiva piedra,
sin pozo donde beber, sin comida, sin pan,
mísero y sin arboladura,

como un barco después de la tempestad,
pero una tempestad no vivida, sin la grandeza de esa experiencia suma,
barco en un mar, monótono y sin fin, monocromo, con agua gris,
o, mejor dicho, sin ella, navegando en el no color
navegando en la no agua, con sequedad en aquella monotomía;

o en medio de las ruinas, tras un terremoto
desolador,
mas en un sitio donde no existieron casas ni se erigieron monumentos,
ni el suelo se resquebrajó, ni hubo grietas;

allí, desterrado, sin el recuerdo de un perdido país,
mudo, sin la noción de un lenguaje ido,
quitado todo brillo, toda persuasión, toda queja,
irremediablemente solo, pero sin soledad,
pues no había tampoco memoria de ninguna anterior compañía;

allí, donde la evocación no puede alcanzar,
ya que para eso fuera precisa la previa enunciación,
allí, allí estuviste, de espaldas a tu propio ser,
sin ver, sin verte,

auqnue a veces sucedía lo opuesto y comenzabas a observar con gran nitidez,

quién sabe si por su condición principalmente ósea,

tu rodilla,
que pasaba, en ese trance, a ocupar
la totalidad de la atención y crecía (percibida entonces
como de cerca) con ella;

tu enorme rodilla, tu extraordinario pie, tu pie magno,
pisando la estepa con resonancia, con estruendo, como de tambor,
tu pie gigantesco, tu pierna
alevosa, rotunda.

... Tu pierna, sí, que se alargaba, solitaria y autónoma, hasta donde nadie pudo nunca llegar,

y tras ella, pero sólo después,
tu cuerpo entero de desmesurada materia, de ruido, tu esqueleto sin par,
tu esqueleto terrible, avanzando a grandes zancadas
hacia nadie, hacia nada...

... Y luego, tu meditación solitaria, tras aquel singular engrandecimiento
de su óseo objeto inicial,
saltaba, sin contemplaciones, como inesperado tigre en la selva,
hasta el momento inmediatamente posterior al final de tu vida,

y así, no sólo cuanto había de exageradamente grande
en la visión anterior comenzaba de pronto, en su tamaño,
a disminuir, volviendo poco a poco a su primera configuración natural,

sino que, incluso, en esa vía de pérdida y reducción
de la desproporcionada, contundente, genial osamenta,

cada trozo de tu cuerpo, normalizado ya (al ser visto ahora en su conjunto
y sin aquella despreciativa y obsesiva parcelación que agigantaba
la porción contemplada)
procedía, con mucha lentitud, eso sí, a ausentarse:

pero ahora la carne y la piel, en un primer instante, aún no
desaparecían,
y se respetaba, por supuesto, tal vez, además, a causa de su enorme realidad
(enorme precisamente por impúdica e innombrable),
incluso a tu propio sexo, que acaso manifiestamente erguido aún,
se ofrecía entonces, en el féretro, de un modo sin duda ostentosamente inoportuno,

desafiante, competente,
impenitente, risible

(cómo más de una vez, según dicen, ha ocurrido, en la efectiva realidad,
con grave escándalo y vergüenza de las familias);
y, en fin (¿para qué seguir?), resumamos el asunto diciendo,
de un modo llano y más abarcador,
que todo, pese a las apariencias, se estaba viniendo abajo, bien que, por el contrario,
las uñas seguían, con indiferencia y escepticismo, creciendo,
atentas exclusivamente a su labor, con una extraña avidez hacia más;
y lo mismo los pelos, la barba, sin hacer caso alguno de cuanto
parsimoniosamente se iba.

Pero enseguida, aquello incluso que se hallaba sometido a tan curiosa enajenación
se aniquilaba, y la inercia inmovilizadora llegaba, con puntualidad,
a las más renuentes partículas,
esto es, surgía, por fin, en el tramo último del proceso,
el triunfo de la generalización, de la escrupulosa obediencia,
o sea, paradójicamente (y ello con toda precisión, sin
excepción alguna ni dejar una mota de polvo en la pulida superficie
del mueble), se desencadenaba

el desorden,
el caos de no ser visto, el escándalo de la invisibilidad, de
la confusión,
allí, en el revés de la verdad, en el otro lado de la
mentira,
en la frontera que no fuera dado trazar,
ese lugar sin localización donde verdad, mentira aparecían
como la misma respuesta a la interrogación que no hiciste,

¡oh pordiosero de tu conciencia, oh escrutador, oh minucioso explorador,

oh celebrador de lo infausto!
302

Poeta En Un Abordaje Con El Mar En Calma (siglo Xvi)

POETA EN UN ABORDAJE CON EL MAR EN CALMA

(Siglo XVI)


La vida, el mar, tumulto y honda seda inmóvil
CERVANTES


Guerreaste en mar sedoso,

te hiciste, te rehiciste,

te creciste en el acoso,

y, al luchar, te malheriste.

Y luego, ¿qué es lo que queda?

En la memoria cruel

del lector, el verso aquel

que hablaba de aquella seda.

417

Reflexiones últimas

REFLEXIONES ÚLTIMAS


A Antonio Carvajal


Mar en calma. Con energía

desafiante asume el reto

de entender la sabiduría

inmortal de quedarse quieto.

Más allá de pena y de goce,

¡infinitud en que te enrolas!,

el corazón, al fin, conoce

la ciencia de no tener olas.

La ciencia en que no vuela un ave

ni se escucha un sonido leve.

(Luego, sin nadie, el sueño grave.

Sin nadie, la estepa, la nieve.)

493

Homenaje A Santa Teresa (éxtasis De Alta Contemplación)

No había ni rastro del día.
(En la región veloz y fría
allí está inmóvil el verano.)

Nada en el alma se sentía
que fuese dolor o alegría.
Y aunque en la aldaba ya la mano,
allá en la casa que dormía,
quien iba a entrar se detenía.
Y si mirabais por el vano
de la escalera que allí había,
nada subía ni bajaba,
nada menguaba ni crecía.
Todo parado y quieto estaba.

Nada en el mundo se movía.
293

Homenaje A San Juan De La Cruz (vía Purgativa, Iluminativa Y Unitiva)

Sólo quien se entrega recibe.
Huele, quien renuncia al olfato,
un olor prodigioso. ¡Vive,
misterïoso desacato!

Y así de pronto asciende ya
de las rosas de primavera
fragancias de lo que será
en la cima de lo que era.

Y el alma, desde ese momento,
puede, en la variedad del mundo,
escuchar la canción del viento
y contemplar el mar profundo.
367

I - En La Muerte (iv - Primera Elegía En La Muerte De Vicente Aleixandre)

IV - PRIMERA ELEGÍA EN LA MUERTE DE VICENTE ALEIXANDRE


I
EN LA MUERTE


Lo último que dijo fue esto: «La vida es un dolor»


Ojos que vi

tan llenos de dolor

en el último día, cuando faltaba poco

para morir,

y desde el lecho

él recordaba triste,

lejos, muy lejos, y un poquito borroso,

cuando con sus amigos,

allá en su niñez,

divirtiéndose mucho,

inmortal aún la vida,

iban al huerto, o al pinar, o al alto

palpitar de la luz.

Correr luego escondiéndose

tras unos matorrales,

un momento,

por que no los llamasen

desde la casa aún.

«Un poco más, un poco

más tan sólo.

La última vez, y ya.»

Y cuando le pusieron

una corona como rey del mundo

el día en que cumplía

siete años de rey,

siete de dueño

de todo, el universo: el aire, el mar.

Respiraba. Fatiga

e imposibilidad. La vida, la corona,

cartón pintado, alegre,

luego el amor, la compañía

honda, felicidad. Años sin duda, y todo fue

un instante tan sólo:

amarga pesadumbre

real.

Y ahora las lágrimas

que no lloró jamás vinieron a sus ojos,

resbalaban despacio

por sus mejillas pálidas,

humedecían la piel,

la boca,

y seguían bajando

cuando estaba ya muerto.


Las lágrimas duraban

más que sus ojos tristes,

más

que su propio dolor.

382

Salvación En La Palabra (el Poema)

SALVACIÓN EN LA PALABRA


(El poema)


A Jorge Guillén


1

Dejad que la palabra haga su presa lóbrega,

se encarnice en la horrenda miseria

primaveral, hoce del destino, cual negra teología

corrupta.


Súbitas, algunas formas mortales,

dentro del soplo de aire

permanente e invicto.

La palabra del hombre, honradamente

pronunciada, es hermosa, aunque oscura,

es clara, aunque aprisione

el terror venidero.

Hagamos entre todos la palabra

grácil y fugitiva que salve el desconsuelo.

...Como burbuja leve la palabra

se alza en la noche, y permanece

cual una estrella fija entre las sombras
2

Y así fue la palabra

ligero soplo de aire

detenido en el viento,

en el espanto,

entre la movediza realidad y el río

de las sombras. Ahí está detenida

la palabra vivaz, salvado este momento

único

entre las dos historias.

...De pronto el caminar fue duradero

y el hombre inmortal fue,

y las bocas que juntas estuvieron

juntas están por siempre.

Y el árbol se detuvo en su verdor

extraño, y la queja

ardió en una zarza

misteriosa.
3

Allí estamos nosotros.

Allí dentro del hálito.

Tú que me lees estás allí

con un libro en la mano.

Y yo también estoy.

Tú de niño, cual hombre, como anciano,

estás allí.

Tu corazon está con su amargura,

ennoblecido y muerto.

Y vivo estás.

Y hermoso estás.


Y lúcido.
4

Todo se mueve alrededor de ti.

Cruje el armario de nogal, salpica

el surtidor del jardín.

Un niño corre tras una mariposa.

Adolescente, das tu primer beso

a una muchacha que huye.

Y huyendo así, huye nada,

quieto en el soplo tenue.
5

Y así fue la palabra entre los hombres

silenciosa, en el ruido

miserable

y la pena,

arca donde está el viento detenido

y suelto,

acorde suspendido y desatado,

leve son que se escucha

como más que silencio, en el reposo

de la luz, de la sombra.

Así fue la palabra,

así fue y así sea

donde el hombre respira,

porque respire el hombre.

358

Juan De La Cruz En La Noche Oscura (v - De La Vida Enumerada)

Profunda es esta guerra y combate, porque la paz que espera
ha de ser muy profunda;
y el dolor muy delgado
porque el amor de su esperanza
delgado es, e íntimo.
Y como el alma ha de venir a posesión de dones,
conviene que primero
pobre y vacía de ellos sea.
Pobre, como garganta con sed de muchas aguas,
vacía, como el mundo.

Y como la tiniebla se aposenta en el ojo vacío
del alma vaciada
y en la substancia misma de la duda
terrible del que duda
tiniebla substancial parece y es.
Y como toda tiniebla y toda duda
hace a quien duda de tiniebla y duda,
éste se queda en la tiniebla,
en la tapiada oscuridad,
caído en la trampa, sin salida,
cogido para siempre, temeroso, asustado,
giñapo agazapado en un rincón.
(Así en el fondo del calabozo el prisionero
espera el alzado patíbulo, la horca,
el irrisorio tormento,
o bien, en oscura mazmorra no espera
sino la definitiva soledad
quien ha asaltado el camino,
o violentado a la doncella, o acaso asesinado
a quien la defendió.)

Como con pies atados y amordazada boca
y mano encarcelada y ojo ciego,
violador, asesino, ladrón de camino real,
así está Juan, sin nada o nadie
nunca,
purificado por amor
a nadie,
a nada,
nunca,
crucificado, muerto, tenebroso
y en la tiniebla.
Así.
365

Camino

CAMINO


Confusa la historia

y clara la pena.
ANTONIO MACHADO


Aquí estás, camino de siempre,

hacia adelante, rota

la aspiración rosada, luna

que empalidece toda cosa.

Aquí estás y debes andar,

caminar como el agua absorta

por el torcido cauce, altos

los muros rojos, y a deshora.

Como el agua inmóvil transcurres

hacia un lejos, playa remota,

ya confusas historia y pena,

lejana la pena, la historia...

399

Canción Para Un Poeta Viejo (vicente Aleixandre)

Muy cerca de la vida. Así tu hablar.
Llegaste a viejo cual se llega al mar.

Azotado del viento y de los años
fuiste la vida, no sus desengaños.

Tu voz sonaba a viento y caracolas,
viejo de luz, hermano de las olas,

Conocimiento fue tu reposar.
Llegaste a viejo cual se llega al mar.

Llegaste a viejo cual se llega a ser
la luz delgada del amanecer.

La luz delgada del saber callar,
del saber conocer y callar.

Del saber esperar, callar, seguir
hasta las olas del saber vivir.

Hasta las olas del saber amar
profundamente y como es quieto el mar.

Y como es quieto el mar se pone en pie
la insurrección del nunca moriré.

Y así tu ser, escrito en agua y sal
y en viento fue, y en todo lo inmortal.
355

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